CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
Torre del Reloj

Torre del Reloj

La Torre del Reloj es uno de los elementos más característicos y conocidos de la Catedral a la que mucha gente de forma incorrecta llama de “La Berengela”. Este error es debido al hecho de que la construcción del cubo gótico que hoy forma su base, tenía un fin defensivo al igual que la auténtica Berenguela. El reloj es de una sola aguja con esfera de mármol. La campana original, de 14 toneladas, está expuesta en el Museo Catedral.

Historia de la Fachada del Obradoiro

Uno de los elementos más característicos y conocidos de la Catedral de Santiago es la Torre del Reloj, a la que mucha gente llama de forma incorrecta “La Berenguela”. Este error parte del hecho de que la construcción de esta torre tenía un fin defensivo. Defensiva era también la auténtica Berenguela, un torreón que el arzobispo don Berenguel de Landoira mandó construir para hacer pareja con la torre de la Trinidad y proteger el flanco occidental de la catedral en un momento, la primera mitad del siglo XIV, de situación convulsa en la ciudad, como cuando las obras de la catedral fueron incendiadas, en 1117. Pero éstas torres no estaban en donde hoy vemos la majestuosa torre, sino más o menos en la zona donde hoy se levanta el Palacio de Rajoy, en la plaza del Obradoiro. El recuerdo de la antigua torre induce al error de llamar “Berenguela” al nuevo cubo defensivo que se levantó desde 1468 junto a la fachada de las Platerías y como estribo o refuerzo de la catedral románica

De esa época datan también las figuras de los apóstoles que adornan los lisos muros de la torre, esculturas góticas de gran calidad que sin embargo no aparecen en el detallado dibujo de la cabecera de la catedral que realiza Vega y Verdugo en el siglo XVII.

Otro nombre que en su momento se dio a esta torre, en este caso con propiedad, fue el de “Torre del rey de Francia”, dadas las generosas donaciones que en 1483 hizo el monarca Luís XI para las dos grandes campanas que en ella se colocarían. Hablamos aún de una sencilla espadaña sobre el gran cubo pétreo, tal y como de nuevo nos muestra el dibujo de Vega y Verdugo, que marcarían las horas de la vida en la ciudad.

El aspecto que hoy domina en esta torre es la de una atalaya barroca; más allá de este compacto cubo inferior para cuya construcción se emplearon sillares traídos de los escombros del castillo de A Rocha Forte, en las proximidades de Santiago, castillo que resultó destruido en las guerras Irmandiñas en el mismo siglo XV. El enmascaramiento barroco que Peña de Toro da a la cabecera medieval por la Quintana es aquí retomado por Domingo de Andrade, a quien el cabildo elegiría Maestro de Obras en 1676. Éste no derribó el cubo medieval, sino que lo tomó como base para el remate de una nueva torre, cuyas obras se alargarían pese a las prisas del cabildo para terminar las obras el año santo de 1677. De hecho, en el segundo de los cuerpos que levantó Andrade, y que aloja la campana de los cuartos, campea la fecha de 1680.

Del primer cuerpo del cubo medieval, que abre una ventana a modo de balcón hacia la Quintana, son las esquinas lo más llamativo. Se trata de verdaderos templetes circulares rematados por capulines entorno al gran vano, que permite reverberar el sonido de la enorme campana de las horas, fundida en 1729 por Güemes en Santiago. No es esta campana, sin embargo, la que hoy marca las horas. Al resquebrajarse, estuvo muchos años sin tañir, y actualmente se encuentra en el claustro catedralicio, junto a la de los cuartos, más pequeña. Las que hoy marcan las horas fueron fundidas en Holanda en 1990.

El segundo cuerpo es octogonal, reiterando los templetes y la decoración tan típica de Andrade de sartas de frutas y trofeos militares. La coronación de la cúpula, decorada con el emblema capitular del arca con la estrella, está culminada por una linterna. La iluminación de ésta hace que se convierta en un faro que marca no solo las horas, sino también los días más señalados del calendario jacobeo: las noches de los años santos, y del día 25 de julio y 30 de diciembre de cada año.

Domingo de Andrade, basándose en modelos de torres renacentistas y a partir de un torreón medieval, levantó una torre barroca de setenta metros de altura. Constituye una obra maestra y uno de los elementos más característicos de la catedral compostelana. En cuanto al reloj, de una sola aguja y con esfera de mármol calado en los cuatro lados de la torre, lo construyó Andrés Antelo en 1831. Aún hoy requiere de un relojero que le dé cuerda cada día para funcionar puntualmente.

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