Orfebrería de la Catedral de Santiago

 

Museo de la Catedral

 

Las Colecciones de orfebrería de la Catedral de Santiago de Compostela son unas de las más variadas y de mejor calidad de todas las que custodia y exhibe el Museo de la Catedral. Es fruto del trabajo de los talleres locales, muchos de los cuales se establecieron entorno a la propia catedral en la Plaza de las Platerías y la de la Azabachería, y también de otros extranjeros. Muchas de las piezas son donaciones de importantes personajes de todas las épocas y nacionalidades

La mayor parte de las piezas de orfebrería se guardan en la capilla de San Fernando, aunque también hay importantes obras en su antecapilla y en la contigua Capilla de Reliquias.

Ubicación


 

Historia de la Orfebrería de la Catedral de Santiago

Orfebrería de la Catedral de Santiago de Compostela

La de orfebrería es una de las colecciones más variadas y de mejor calidad de todas las que custodia y exhibe el Museo de la Catedral. Es fruto del trabajo de los talleres locales, muchos de los cuales se establecieron entorno a la propia catedral, en la Plaza de las Platerías y la de la Azabachería. Su obra fue financiada por el cabildo o los prelados compostelanos, o bien con donaciones llegadas de todos los confines de Europa – e incluso de otros continentes – a lo largo de más de mil años de peregrinación jacobea, por lo que constituye un ejemplo de variadas escuelas y épocas.

 

La mayor parte de las piezas de orfebrería se guardan en la capilla de San Fernando, aunque también hay importantes obras en su antecapilla y en la contigua Capilla de Reliquias. En esta última están varios de los relicarios más valiosos, que más allá de su valor devocional, son obras maestras. Recientemente se añadió a esta colección la columna de bronce de fuste entorchado, procedente de un antiguo ciborio del XII, que conserva en su interior el báculo de siglo XIII de San Franco de Sena,  báculo que la tradición atribuye al propio Santiago el Mayor. Corona la columna un Apóstol Peregrino del siglo XVI, que estuvo muchas centurias adosado a uno de los machones del cimborrio, en el crucero de la catedral, donde era venerado por los peregrinos.

 

Pero la más famosa de las reliquias es la que custodia el Busto relicario de Santiago Alfeo, de 1322 y atribuida al local Rodrigo Eáns. La cabeza con rostro esmaltado y la esclavina de plata repujada y sobredorada originales se fueron enriqueciendo con el paso de los siglos, lo que indica la importancia de esta reliquia llegada a Santiago desde Braga en época de Gelmírez, tras azarosas vicisitudes. En torno a su cuello se colocó el Brazalete de don Suero de Quiñones, del siglo XV y de oro enriquecido con una joya francesa del XIV. La esclavina se fue cuajando de joyas, pedrería, piezas de cristal de roca y camafeos clásicos, además de la aureola del siglo XV, donada por el gremio de los cintureros. La basa y el paso procesional sobre el que recorre las naves de la catedral en fechas señaladas – antaño acompañado del Botafumeiro – fueron añadidos en los siglos XVI y XVII. Dentro del relicario aparecieron también numerosas monedas ofrendadas por los fieles en la Edad Media.

 

De similar importancia es el relicario del diente de Santiago, sustituido hoy por un fragmento óseo tras el incendio de la Capilla de Reliquias en 1921. Fue donado por el importante noble parisino Geoffroy Coquatrix en 1321. Labrado en plata dorada, oro y esmaltes, porta la reliquia en un farolillo de formas plenamente góticas, mientras que en la otra mano sujeta un bordón de peregrino con una inscripción alusiva al donante. Se trata de una de las primeras representaciones de Santiago Peregrino. Esta iconografía quedó definitivamente establecida con el Santiago Peregrino del primer cuarto del siglo XV, también de taller parisino, donado por Johannes de Roucel. De plata sobredorada y esmaltes con una base que alude al donante y su esposa junto a sus escudos, Santiago ya porta aquí todos los atributos del peregrino medieval: sombrero de ala ancha con concha, bordón con calabaza y zurrón, además de un libro.

 

Estos mismos objetos son los que porta el Santiago Peregrino de 1445, donado por el arzobispo Don Álvaro de Isorna, obra del italiano Francisco Marino. Si bien el bordón, la esclavina y la aureola con gemas de esta figura son añadidos del XVII, vemos en este Santiago un gusto clásico italianizante que no veíamos en las piezas anteriores. Su orfebre realizó trabajos en la catedral para el arzobispo Lope de Mendoza, gran protector de los orfebres, para quienes reconstruyó sus tiendas-taller ante la portada sur. También de Francisco Marino es otra figura relicario de San Andrés, procedente del oratorio de don Lope. El mismo modelo podemos observarlo en otras piezas del XV, como las figuras de San Pedro, la Virgen de la Azucena, San Juan Bautista, Santo Domingo o San Francisco, en el retablo de las Reliquias. El modelo de busto-relicario lo siguió en el siglo XVI Jorge Cedeira para los de Santa Paulina y Santa Florina.

 

Mención aparte merece la colección de custodias, que podrían haber cerrado el tríptico del Santo Cristo de Orense de 1953, donado por el Cardenal Quiroga Palacios, aunque se trate de otro tipo de objeto devocional. Destaca  la custodia de oro y piedras preciosas de Juan de Figueroa, de 1702, para la Capilla Mayor. Pero la más importante es la Custodia procesional de Antonio de Arfe, de plata sobredorada y esmaltes. Ésta, realizada por encargo del arzobispo Fonseca entre 1539 y 1545, se completó con su pedestal en 1573. Sobre una base con relieves de la vida del Apóstol, su cuerpo hexagonal acoge entre templetes y columnas relieves que representan la vida de Jesús, estatuas de apóstoles, profetas y doctores. El conjunto está rematado con el triunfo de Cristo Resucitado. Esta pieza estuvo en la antigua capilla mayor de la Catedral, y aún hoy procesiona por las rúas de Santiago el día de Corpus Christi.

 

Los vasos sagrados y vinajeras son otra importante parte de la colección. Son muchos los cálices expuestos, empezando por el Cáliz y Patena de San Rosendo, de talleres compostelanos del siglo XIII pero con añadido al pie de la copa en el XV. Poco tienen que ver con la sencillez de sus formas y decoración incisa con el preciosismo del copón barroco en oro con piedras preciosas y perlas, rematado en una cruz de esmaltes,  obra de Juan Posse de 1699 para servicio de la capilla mayor. Tampoco con el cáliz ya rococó del Chantre Gondar de 1753 de plata sobredorada. Éste aúna el fundido del metal precioso y su cincelado, dando lugar a un juego de texturas con decoración de rocallas, guirnaldas, ángeles y atributos eucarísticos y jacobeos muy al gusto de ese momento. Lo realizó Ignacio Montero, acaso sobre diseño de Juan Antonio García de Bouzas, quien también inspiró dos enormes bandejas en forma de venera de plata que cuelgan en la capilla de San Fernando (1760 – 1780).

 

En época del Neoclasicismo, Francisco Pecul fundió la Inmaculada sobre el sagrario del altar mayor, además de una Santa Teresa-relicario. A él debemos también un cáliz de plata dorada y en su color. De 1818 son el cáliz y las vinajeras donadas por el arzobispo Rafael Múzquiz como agradecimiento por la victoria sobre los franceses. Su riqueza es excepcional: la copa está ornamentada con relieves sobre la pasión de Cristo y la Eucaristía, todo rodeado por cientos de brillantes. Las vinajeras compiten en belleza con las que el arzobispo Monroy trajo de México en el siglo XVIII para acompañarle en su mandato episcopal en Santiago.

 

Ya del siglo XX son los cálices neorrománicos de 1948 ofrecidos por el Rey Humberto de Italia, el de Acción Católica. Del mismo siglo tenemos el cáliz donado por el mariscal francés Petain, realizado en plata y marfil por el orfebre galo Puiforcart en 1925. Con su ausencia de decoración aplicada y su pureza de líneas, supone una muestra de la renovación del art-decóaplicada a la orfebrería religiosa.

 

Aún hay sitio en el Tesoro para otras importantes piezas. Las cruces, de entre las cuales fue robada la prerrománica de Alfonso III en 1906, inician su serie con las románicas de los Roleos del siglo XI, de Ordoño II de los siglo XI-XII, y la Patriarcal de Jerusalén, del siglo XII y procedente de Carboeiro. Todas ellas tienen alma de madera recubierta de láminas de plata y oro repujados. Del gótico, destaca la mucho más rica Cruz de las Perlas, de taller parisino del XIV y coetánea del Santiago Coquatrix, así como la plateresca de cristal de roca y plata granadina sobredorada, del cardenal Gaspar de Ábalos. De este mismo precioso material, cristal de roca, son otros objetos, como el Porapaz donado por Carlos II en 1683, o el Relicario de la Santa Espina, de taller zaragozano y que data de alrededor de 1420, en la que el precioso cristal se combina con plata y esmaltes para acoger un Calvario que arranca de un árbol central hacia una espina de la Corona de Cristo, flanqueada por otros armae christi.

 

Otros portapaces y diversas piezas fueron elaboradas con materiales como corales, maderas preciosas, o marfil, caso de la Santísima Trinidad de escuela indo-portuguesa del siglo XVI y Retablillo hispano-americano del XVII. También encontramos piezas de azabache, piedra negra semipreciosa muy tradicional en Compostela, como la Santa Clara del siglo XV, el Portapaz del XVI o las representaciones de Santiago de la mano del compostelano Mayer, ya de la primera mitad del XX.

 

Para terminar, de entre otros muchos objetos de este importante Tesoro que merece la pena conocer y admirar, queremos mencionar algunas piezas como la esclavina original del Apóstol del Altar Mayor, donada por el arzobispo Monroy en 1704 y hecha por Juan de Figueroa, o el Cristo atado a la Columna, diseñado por Gaspar Becerra, cincelada y de plata fundida de escuela castellana del último tercio del XVI. También merecen mención el Calderín de Prima de Posse de 1713, el Santiago Matamoros de plata de la duquesa de Aveiro y escuela portuguesa de 1677, o los martillos de plata para la apertura de la Puerta Santa utilizados en los Años Santos de 1937 y 2010, donados por los canónigos maestros de ceremonias, a quienes corresponde el honor de poseerlos y de llevar a cabo el ritual de apertura de los Años Santos Jacobeos.


Fotos de la orfebrería de la Catedral de Santiago


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