CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
Las Naves y el crucero de la Catedral de Santiago

Las Naves y el Crucero de la Catedral

Las naves y el crucero están dispuestos en forma de cruz latina. La nave central es el doble de ancha y de alta que las laterales, y están separadas entre sí por pilares compuestos que alternan base cuadrada y circular. En el centro, el cimborrio, más alto que el románico original y ya de factura gótica, reposa sobre trompas.En los muros perimetrales, numerosas ventanas iluminaban el templo. Sumando a esto el hecho de que su parte occidental estaba abierta día y noche al exterior con grandes arcadas, deberíamos desterrar el mito de las “iglesias románicas oscuras y tétricas”Sus dimensiones convierten a la Catedral en el mayor templo románico de España: noventa y siete metros de longitud máxima de la nave mayor y sus veintidós metros de altura en los primeros años tras la consagración, en el año 1211.

Historia de las Naves y el Crucero

Aunque la impresión general del interior de la Catedral de Santiago es de templo románico – y efectivamente es una obra maestra de este estilo a nivel europeo –  son muchas las modificaciones que la fábrica original ha sufrido en sus más de mil años de existencia, especialmente es las naves y el crucero.

En los muros perimetrales, numerosas ventanas iluminaban el templo. Sumando a esto el hecho de que su parte occidental estaba abierta día y noche al exterior con grandes arcadas, deberíamos desterrar el mito de las “iglesias románicas oscuras y tétricas”. Pero hoy día muchas de estas ventanas del muro han sido tapiadas por las construcciones que se han ido añadiendo al templo original. Entre éstas destaca, por su tamaño, el claustro que se levantó en su lado sur en el siglo XVI. Al norte, la gótica capilla de don Lope de Mendoza fue sustituida en el siglo XVIII por la neoclásica capilla de la Comunión, la más “moderna” de las grandes capillas añadidas a la catedral a lo largo de su historia. Hacia los pies de la catedral, otra capilla, la llamada del Cristo de Burgos o del arzobispo Carrillo, es de factura barroca.

No menos modificación ha sufrido el espacio original de los brazos del crucero, puesto que las capillas semicirculares originales fueron ampliadas, sustituidas o derribadas con el paso de los siglos. A esto hay que añadirle la apertura de puertas como las que dan al claustro y a la actual sacristía, así como la de la subida al edificio del Tesoro, la Puerta Real, el actual camarín de Santiago Matamoros, las capillas de Santa Catalina y San Antonio, el acceso a la Corticela, y las capillas de Sancti Spiritus y de Prima.

A pesar de ello, el espacio del transepto ha mantenido su esencia respecto del plan inicial. Sus tres naves, reflejadas por la distribución de calles de las fachadas románicas originales, suponían cierta “continuación” del espacio urbano y aún hoy forman una comunicación – y separación – entre la parte norte y la sur de la ciudad. Sin embargo, como “calle solemne” y al margen de procesiones con el propio cabildo como protagonista, solamente la procesión de cada Viernes Santo, organizada por la Real Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Santiago con motivo del Santo Entierro, tiene el privilegio de atravesar el crucero de la catedral como si de una calle más se tratase. Los doce tramos que forman este crucero alcanzan una longitud de sesenta y cinco metros.

No podemos dejar el crucero de la catedral sin mencionar alguno de los sepulcros que, movidos de su ubicación original, encontramos hoy en él. Junto al pórtico real está la lauda de Teodomiro, obispo de Iria cuando el sepulcro apostólico fue hallado, y que quiso ser enterrado junto a él. Su tumba fue hallada más o menos por debajo de donde se encuentra hoy, en la zona de las excavaciones arqueológicas.

La nave central es el doble de ancha y de alta que las laterales, y están separadas entre sí por pilares compuestos que alternan base cuadrada y circular. En el centro, el cimborrio, más alto que el románico original y ya de factura gótica, reposa sobre trompas. En sus cuatro esquinas, ángeles trompeteros lo sostienen. Para sufragar el coste de obras como la de este cimborrio o el nuevo claustro gótico, es posible pensar que se colocara el Santiago Alfeo limosnero que aún hoy vemos en el crucero, de indudable influjo mateano.

Tanto en el transepto como en el cuerpo principal, las tres naves descansan sobre arcos formeros y fajones, que forman en la nave central una bóveda de medio cañón y típicas bóvedas románicas de arista en los laterales. Destaca la altura de todo el conjunto gracias al uso de arcos peraltados que dan mayor esbeltez a las bóvedas. Y también por introducción de un elemento novedoso: las tribunas que rodean todo el perímetro de la iglesia sobre las naves laterales. Éstas están cubiertas por bóvedas de cuarto de cañón, y se abren a la nave central por medio de arcos bíforos, formando el triforio que vemos en otras iglesias medievales.  Las tribunas reciben luz natural a través las ventanas de medio punto que horadan sus muros, aumentando aún más la iluminación de todo el templo.

Elevando la vista, tanto las columnas del triforio como las de los pilares compuestos de toda la catedral merecen especial atención. Hay numerosas variantes sobre modelos más clásicos y geométricos con volutas o sencillas hojas, hasta otros de exuberante decoración vegetal, algunos de ellos con figuras atrapadas entre la hojarasca. Otros incluso se convierten en pequeños ciclos narrativos.Tampoco pasa desapercibida la imponente lámpara de cristal, fabricada en Alemania y expuesta en la Exposición de París de 1855, antes de que los herederos el Méndez Acuña la regalasen en 1864.

Para hacernos una idea de cómo serían los noventa y siete metros de longitud máxima de la nave mayor y sus veintidós metros de altura en los primeros años tras la consagración, en el año 1211, debemos pensar que al fondo no estaría la imponente “máquina” barroca actual. Y sobre todo, que el primitivo altar mayor quedaría oculto desde los pies de la iglesia por el coro que el Maestro Mateo diseñó y construyó ocupando buena parte de la nave central. Así pues, la imagen de las naves y el crucero en la Edad Media sería diferente a la que tenemos hoy.