CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
La Puerta Santa de la Catedral de Santiago

La Puerta Santa

Salvo años santos extraordinarios como el 2016, la Puerta Santa solo se abre en los años santos jacobeos, que son aquellos en los que el día de la festividad de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo. A causa de los años bisiestos, esto se produce con una cadencia de seis, cinco, seis y once años. Además, el papa puede declarar años santos extraordinarios, como 2016, y el cabildo puede decidir abrir excepcionalmente abrir  la Puerta Santa durante ese año.

Historia de la Puerta Santa

Es una de las partes más simbólicas de la Catedral de Santiago . Al igual que las puertas santas de las basílicas mayores romanas, como las de San PedroSan Juan de LetránSan Pablo Extramuros o Santa María la Mayor, solo se abre en los Años Santos.

En Compostela, los años santos son aquéllos en los que el día de la festividad de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo. A causa de los años bisiestos, esto se produce con una cadencia de seis, cinco, seis y once años.

Además, el papa puede declarar años santos extraordinarios, como 2016, y el cabildo puede decidir abrir excepcionalmente la puerta santa durante ese año.

No está del todo claro su origen. Algunos estudiosos hablan de una tradición medieval anterior a la de los años santos romanos, aunque parece más factible que Santiago haya tomado del cristianismo este acto ritual, dando al paso por esa puerta tan especial un sentido de perdón y de renacimiento a una nueva vida.

Según esta teoría, y a pesar de que se aprovechara para su construcción una antigua puerta menor medieval de entre las capillas del Salvador y San Pedro en la girola, el origen de nuestra puerta santa se remontaría a los primeros años del siglo XVI, con Alonso III de Fonseca; quien sin duda conocía el ritual romano del papa Alejandro VI, papa de origen valenciano.

Lo que sabemos con seguridad es que la puerta también sometida a las transformaciones en clave barroca que sufrió toda la fachada de la Quintana a lo largo del siglo XVII. Así, Jácome Fernández y González de Araújo la ornamentan con seis figuras a cada lado del vano. Son personajes bíblicos procedentes del entonces recién derruido coro mateano.

Entre la puerta propiamente dicha y su pórtico exterior barroco quedará un pasillo de discretas proporciones. En él que se conserva aún hoy un sepulcro de esta época y algunas laudas, en recuerdo del pasado fúnebre del espacio de la Quintana.

En ese mismo siglo XVII se hermoseó aún más la fachada exterior donde se ubica la puerta. Según el plan del canónigo Vega y VerdugoJosé Peña de Toro colocaría hacia 1660 doce figuras más procedentes del coro medieval, y remataría las hornacinas que las acogen con cuatro plafones de los que cubrían los sitiales del coro. Antes de terminar el siglo, en 1694 el escultor local Pedro del Campo esculpió el Santiago Peregrino que preside la fachada, así como a sus dos discípulos Atanasio y Teodoro, que le acompañan también vestidos como peregrinos.

A todo este conjunto le rodea un marco cuyo estilo y decoración con sartas de fruta recuerdan a Domingo de Andrade.

Con la reja añadida en 1744, ésta es la configuración del aspecto exterior que presenta hoy. Muy distinta sería si hubiese prosperado la reforma neoclásica de la fachada de la Quintana y cabecera de la catedral, impulsada en 1794 por el arzobispo Malvar. Firmada por Melchor de Prado y Miguel Ferro Caaveiro, ésta habría definido con su academicismo el estilo neoclásico en la catedral mucho mejor que la fachada de la Azabachería, aún con muchas herencias barrocas. El proyecto neoclásico también incluía modificaciones en el interior de la catedral, con un nuevo coro en la cabecera y un trasaltar frente a la entrada de la Puerta Santa. Quizás frente a ella se situaría el cuadro de la Mujer Adúltera que entregó Gregorio Ferro en 1808, relacionado con la puerta de Platerías y con el tema del perdón, tan ligado a la Puerta . Pero la pronta muerte del prelado en 1795 y lo costoso del proyecto hicieron que nunca se llevara a cabo tal obra, a pesar de que se presentó de nuevo a la Academia en 1802, tal vez para trasladar aquí el sepulcro de Malvar.

La sencillez de la puerta al interior contrasta con la importancia de su simbolismo. Solo está ornamentada con dos figuras policromadas a ambos lados – Ezequiel y San Judas Tadeo -, procedentes del coro de Mateo, y dos pilas de agua bendita sobre mármoles como los del cierre de la capilla mayor. Encima de la puerta vemos una de las cruces de consagración de la catedral en 1211, con el parágrafo del Génesis “Es la casa de Dios y la puerta del Cielo”, además de una vidriera de Santiago.

Cuando no es año jubilar, la puerta permanece cerrada por su parte interior, y por una verja al exterior. Ésta es de dos hojas de bronce firmadas por Jesús León en 2003, y presentan pasajes de la vida, muerte y traslación de Santiago. Esas hojas de bronce sustituyeron a un cortavientos de madera tallado por Francisco Leiro, hoy conservado en el Museo de la Catedral, con el tema de la Translatio de 1992, y que solo era visible cuando la puerta funcionaba como tal en los años santos. El vano se tapiaba con una sencilla plancha metálica pintada con motivos geométricos en los años restantes.

El ritual de apertura  se mantiene con pocas variaciones desde el siglo XVI. El 31 de diciembre previo al año santo, una procesión encabezada por el arzobispo se acerca a la Puerta. Acompañados de oraciones, los tres golpes dados con un martillo de plata hacen caer el muro de piedras colocado al efecto en la parte interior, dejando libre un paso que se mantendrá abierto hasta el 31 de diciembre siguiente, cuando otra procesión dará por clausurados el año santo y su puerta.