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Catedral de Santiago de Compostela

Corticela. Vista general de sus tres naves hacia la cabecera.

Iglesia de la Corticela

La Iglesia de la Corticela nació como iglesia prerrománica independiente, y se unió a la catedral de Santiago en época barroca. Es la mayor de las “capillas” que hoy se abren a la catedral. En realidad es una iglesia parroquial independiente y como tal mantiene ese estatus, con sus horarios de misa propios, sus celebraciones de sacramentos y su cura párroco. Desde 1527 es la “parroquia de extranjeros y vascos” que recalan en la ciudad. Su altar se acompañaba por otros dos, el de San Silvestre y el de Santa Columba

Historia de la Iglesia de la Corticela

La mayor de las “capillas” que hoy se abren a la catedral no es sino una iglesia independiente, además de parroquia. Otras de las capillas de la basílica compostelana fueron en algún momento de su historia parroquias independientes, como la de San Andrés o la de San Fructuoso. Hoy solamente la Iglesia de la Corticelamantiene ese estatus, con sus horarios de misa propios, sus celebraciones de sacramentos y su cura párroco. Desde 1527 es la “parroquia de extranjeros y vascos” que recalan en la ciudad.

 La historia de la Corticela, hoy unida al tramo norte del transepto junto a la puerta de la Azabachería, empieza antes de que alguien pensara siquiera en la gran catedral románica actual. Tiene un origen prerrománico ligado al obispo Sisnando, en época del rey Alfonso III, en el siglo IX. Este obispo sería de gran importancia, y las iglesias que impulsó siguen un esquema similar al que tendría la primitiva Corticela. Hoy en día pueden verse algunas de esas pequeñas iglesias cerca de Santiago, como Silleda en Pontevedra, o Porto do Son en A Coruña. A él le debemos además la construcción de una nueva cerca entorno a la naciente urbe, ya de piedra, con un foso lleno de agua para defender a las costas próximas a Compostela de los ataques normandos. La proximidad de esta muralla a la Corticela puede ser precisamente el origen de su nombre, derivando de la raíz latina curtis(cerca) . El espíritu batallador de Sisnando le llevó a morir en uno de esos ataques vikingos en las “Torres del Oeste” de Catoira, Pontevedra, cuyos restos aún se conservan donde el río Ulla se convierte en la Ría de Arosa.

La iglesia de la Corticela nació bajo la advocación de San Esteban. Su altar se acompañaba por otros dos, el de San Silvestre y el de Santa Columba. La dedicación cambió a la de San Martín en el siglo X, cuando el rey Ordoño II concede a los monjes de esta comunidad un terreno entonces extramuros, el lugar de Pinario. En él se construiría un pequeño oratorio que sufriría la razziade Almanzor en el 997, igual que la Corticela y la propia basílica primitiva de Santiago. De las reconstrucciones se encargaría el obispo santo Pedro de Mezonzo.

Así pues, la Corticela nace ligada al hoy vecino monasterio de San Martín Pinario. Sin embargo, no mantienen el vínculo original que les unía cuando era su capilla. De hecho, es de suponer que, al igual que el obispo Diego Peláez tuvo que firmar una concordia, en 1077, con los monjes de Antealtares para ocupar terrenos de su propiedad en la construcción de la basílica románica, también debió de ponerse de acuerdo con los de Pinario, por la cercanía de su capilla a la nueva construcción y la necesaria liberación de espacio. Las excavaciones arqueológicas de 1966 demostraron que las tres naves que la forman tenían un tramo más que la iglesia actual. Sería esta demolición de un tramo lo que quizás llevaría de nuevo a la consagración de la Corticela en 1088.

El esquema seguido para su construcción fue el mismo que tendría la propia basílica de Alfonso III, edificada a su vera, aunque con mayores proporciones. Ambas son iglesias de tres naves con un presbiterio cuadrado en el centro. Los dos laterales que presenta hoy la de la Corticela son añadidos posteriores, como denota el uso de diferente aparejo y menor espesor de los muros, así como la ausencia de canecillos que sí se aprecian entorno a la capilla mayor. La cubierta, en ambos casos y como aún se ve en la Corticela, es una techumbre de madera a dos aguas en la nave central, mientras que el presbiterio está cubierto con bóveda.

Para acceder a la Corticela desde la “nueva” catedral románica se abría la puerta de Santa María, en el transepto norte, hoy tapiada por posteriores capillas. Desde ahí y a través de una estrecha calle, se atravesaba desde el siglo XIII una nueva portada que aún hoy abre la Corticela a la escalera, y que siglos después la unirá con la catedral. En el siglo XIII, hacia 1213, se daría la definitiva longitud a las naves, una vez consumado su recorte en un tramo. Y por su parte, esta portada sería añadida a la Corticela.

En ella, dos arcos de medio punto sobre dos columnas enmarcan un tímpano. Su temática y el estilo derivan del taller de Mateo, con una Epifanía que arranca en los arcos donde están los caballos y dos de los Magos adoradores. El tercer Mago, ya en el propio tímpano, acompaña genuflexo a la Sagrada Familia, portando su ofrenda en la mano, mientras que con la otra hace amago de quitarse la corona en señal de respeto y servidumbre. Sentada, María sirve de trono al Niño, que bendice con una mano y sostiene un libro abierto en la otra. Completa la escena San José, al otro lado, absorto en sus pensamientos. Se apoya en un bastón en forma de “tau” rematada en dos cabezas de animales. En el siglo XX, este bastón serviría de inspiración al profesor Serafín Moraleja para el que utilizó Su Santidad Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Santiago en 1989, y que hoy se encuentra en el Museo de la Catedral. El modelo de Epifanía de este tímpano, con alguna variante, está tomado del trascoro mateano. También la técnica usada, a base de piezas encastradas en una losa que sirve de trasera y soporte, es la misma que utilizó el taller de Mateo en el Pórtico de la Gloria y en el coro. El éxito de esta iconografía y técnica irán más allá de la propia Catedral, y se verán también en lugares más alejados como el Monasterio de Carboeiro en Pontevedra, o en San Esteban de Ribas de Miño en Lugo.

En los muros de la Corticela se abren algunos vanos y rosetones que aumentan la iluminación del espacio. Se modificó una pequeña puerta, hoy tapiada, abierta en un lateral. En el exterior, fueron colocados los canecillos, los cuales, al no aparecer en la cabecera de las naves laterales, deja claro que son anexos posteriores. En los muros interiores, se abren algunos arcosolios de medio punto que hoy dan cobijo a varias imágenes. Una de ellas es una yacente femenina encontrada en las excavaciones del siglo XX, que data de entre mediados del siglo XIV e inicios del XV, así como el sepulcro del cardenal Gonzalo Eanes, muerto en 1342, con su imagen vestida de pontifical, sin la calidad de otros sepulcros de la catedral. Este último se encuentra bajo arco ojival decorado con puntas de diamante, propias del momento.

Otras modificaciones en época barroca marcarían definitivamente el aspecto actual de la Corticela. Frente a ella, la capilla románica de San Nicolás se convirtió en mera zona de tránsito al horadarse su fondo en el siglo XVII. La escalinata que cortaría la estrecha calle de separación entre la catedral y la Corticela se levantó en 1711. Con ella quedó definitivamente integrada dentro de la basílica. Además, por la parte de la Quintana, el plan de Peña de Toro del siglo XVII ya la había cerrado por ese lado posterior, “disfrazando” de barroco su cabecera medieval.

En cuanto a los elementos que hoy vemos en el interior de la Corticela, su origen y época son dispares. A los sepulcros góticos mencionados arriba se suma una lauda de estola de hacia el siglo VII. Los bronces que decoran la pila bautismal del siglo XV son ya del XX. La urna con el Cristo Yacente es una obra anónima del siglo XVII, como anónimo es también el Niño Jesús de Praga del gremio de tejedores y de origen alemán. Como el Cristo en el Huerto del siglo XVI que hay en el muro norte, la Virgen de la Consolación de la capilla mayor es también renacentista. Se trata de una imagen de especial devoción para los estudiantes de Santiago, quienes tradicionalmente depositan en las manos de ella sus peticiones en pequeños trozos de papel, que abundan en épocas de exámenes.