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Catedral de Santiago de Compostela

Fachada de las Platerías, torre del reloj y edificio del Tesoro. En primer plano, la fuente de la Plaza de las Platerías.

Fachada de Platerías

La Fachada de Platerías es la única de estilo románico que conserva la Catedral de Santiago de Compostela.  A pesar de los retoques, añadidos y transformaciones, mantiene su arquitectura original. Se construyó entre 1.103 y 1.117. Consta de una doble puerta con arcos de medio punto con un friso superior. Dos ventanas con arcos lobulados presiden el segundo nivel de la fachada. El nombre de fachada de Platerías se debe al trabajo y venta, tanto en la Edad Media como hoy en día, de objetos de orfebrería, principalmente hechos de plata por los orfebres y plateros que se ubicaban – y ubican- en la plaza. Así como la fachada de Azabachería era la entrada más propia de peregrinos y forasteros, la puerta de las Platerías era y es la más comúnmente utilizada por los compostelanos.

Fotografías de la Fachada de Platerías

Historia de la Fachada de Platerías

Igual que la que se abre al norte, la fachada sur o de las Platerías toma su nombre del trabajo y venta en Santiago de Compostela, tanto en la Edad Media como hoy en día, de objetos de orfebrería, principalmente hechos de plata. Así como la fachada norte era la entrada más propia de peregrinos y forasteros, la puerta de las Platerías era y es la más comúnmente utilizada por los compostelanos.

Es  la más antigua de las fachadas de la Catedral que podemos ver hoy en día, y también la única de estilo románico, si bien presenta retoques, añadidos y transformaciones sobre la original. Su construcción se debe al impulso que hacia el 1100 Gelmírez, primer arzobispo de Santiago, imprime a la catedral. Si nos abstraemos de los añadidos del cierre del claustro a su derecha y de la torre del reloj a su izquierda, su aspecto es similar al que presentaría la desaparecida Puerta Francígena o del Paraíso, que se abría en el lado norte. Evidencia en el exterior la estructura interna de tres naves, con la doble puerta marcando la nave central y las ventanas iluminando las laterales. En los extremos, vemos dos torrecillas cuyo acceso cegado aún se puede entrever en las tribunas del interior de la catedral, y que remataban el conjunto.

Por lo complejo del trabajo y lo que implicaba la labor arquitectónica y escultórica, los estudiosos distinguen hasta cinco manos en su fábrica. Muy pronto sufrió variaciones respecto al plan inicial. Las primeras, ya en el siglo XII, fueron con la reparación de los daños tras el incendio de la fachada de Platerías que en 1117 provocaron los sublevados contra Gelmírez. Posteriormente sufrió también algunas modificaciones en la parte del remate superior a manos del taller del Maestro Mateo.

 Muy posiblemente, su programa iconográfico incluía a Cristo presidiendo un apostolado, del que solamente quedan nueve maltrechas imágenes tras el incendio de 1117. A causa de éste, hubieron de acoplarse en esta parte de la iglesia algunas piezas en mármol destinadas a la puerta occidental, como Moisés, Abraham o un Santiago entre árboles, piezas todas ellas que formarían parte de la Transfiguración. Éste era el tema que según el Códice Calixtino se desarrollaba en la proyectada, y posiblemente nunca construida, fachada principal románica al oeste del templo.

Encontramos en la fachada sur piezas colocadas – a veces casi encajadas a modo de “puzzle” – procedentes en este caso de la fachada opuesta, la norte, adaptadas aquí tras el derribo de ésta en 1758. Lo mismo ocurre con el pantocrátor del contrafuerte oeste o un signo de San Mateo, parte del tetramorfos que lo rodearía. También con las placas con la expulsión del Paraíso, la Creación de Adán o la reprensión de Eva, así como algunos signos de los meses, como el centauro o la sirena con pez. De la puerta norte podría también proceder el famoso Rey David que flanquea una de las jambas de entrada, tocando su cítara mientras cruza las piernas.

Los tímpanos de las puertas no dejan en blanco espacio alguno. Se trata de placas y figuras que se adaptan al espacio y al arco que los cobija. Podemos apreciarlo en la adoración de los Magos, arrodillados y con un ángel volando sobre ellos; en el prendimiento de Cristo, o en la misteriosa figura de la mujer con la calavera en su regazo, quizás la de su amante, según el Calixtino, o una Eva. La mayoría de los relieves hacen referencia a pasajes de la vida de Cristo, como las tentaciones, el prendimiento, la flagelación o la curación del ciego. De nuevo, los expertos no se ponen de acuerdo en su autoría dado el mal estado de algunas piezas y la variedad de estilos que en algunas de ellas se observa. Aun así, destacan las que se atribuyen al llamado Maestro de la Tentación, que también habría trabajado en Conques, Francia.

La línea de canecillos que divide los dos cuerpos principales de la fachada  tampoco son de la fábrica original, sino que siguen fórmulas del taller del Maestro Mateo hacia principios del siglo XIII. De la mano de Mateo son también los niños que portan cartelas y que procedían del antiguo coro pétreo; mientras que algo anterior sería la Virgen que centra los arcos, y que junto al gótico ángel de la izquierda forman una Anunciación. Todo el conjunto lo flanquean fieros leones, animales que guardarían la entrada y que serían testigos de la justicia que, según narra la Historia Compostelana, se impartía cada viernes ante esta fachada, entonces la más próxima a un primer palacio episcopal, cuyo titular presidiría dichos juicios.

A la derecha de esta fachada románica se levanta un edificio cuyo estilo nos habla de la época del Renacimiento, y que parece más bien palaciego. Es el cierre del claustro por este lado, y en él se guardaban las ropas litúrgicas más ricas e importantes del “tesoro” catedralicio, algunas de las cuales pueden admirarse en el Museo de la Catedral. Hoy en día sigue siendo vestuario para los canónigos, entre otras funciones. Las trazas del Tesoro, de 1540, se deben a Rodrigo Gil de Hontañón, y de hecho nos recuerdan a su Palacio de Monterrey de Salamanca. La parte de debajo alberga los arcos donde se sitúan numerosas tiendas de orfebres y plateros, quienes dan nombre a la plaza, y la superior está rematada con una crestería calada con mecheros y roleos. En los muros figuran medallones con escudos del cabildo, de Carlos I y de personajes bíblicos e históricos.

Pero lo más llamativo de la fachada  es la torre con remate piramidal de uno de sus extremos. Se trata de un diseño innovador que pudo ser inspirado por las pirámides exóticas de las recién descubiertas Américas, concretamente por la pirámide del Tajín de México. Otros estudiosos, sin embargo, afirman que Rodrigo Gil se inspiró en tratados italianos de arquitectura. En cualquier caso, este innovador diseño fue tomado como modelo por Jácome Ferández en el siglo XVII para la Torre de la Vela, al otro lado del claustro, en el Obradoiro.

El enlace del Tesoro con la fachada es una obra barroca de 1705. Al interior de la catedral, su autor, Simón Rodríguez, imitó el estilo renacentista de la fachada exterior, mientras que por fuera colocó una llamativa concha de vieira que soporta las escaleras internas y forma uno de los rincones más originales de la catedral.