CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
Fachada de Azabachería de Noche

Fachada de Azabachería

La primitiva fachada medieval, del Paraíso o Francígena, estaba muy dañada tras tantos siglos orientada al húmedo norte y por el fuego que la asoló en el siglo XVIII y además estaba pasada de moda. Así que entre 1757 y 1759 se aprobó su derribo e inicio de la nueva fachada de Azabachería con un estilo más acorde con los tiempos. La nueva fachada de Azabachería es de estilo neoclásico y algunas obras de la antigua fachada se trasladaron a la fachada de Platerías y otras se conservan en el museo de la Catedral. En la plaza estaban situados los “cambeadores”, la ubicación de los cuales aún recuerdan los puestos de souvenirs que se abren bajo arcos a la derecha de la fachada de Azabachería. En ellos se cambiaba la moneda a los peregrinospara sus gastos en la ciudad, y se encontraban también numerosos puestos de vendedores de conchas, morrales, botas de vino, zapatos, correas o cinturones, etc.

Historia de la Fachada de Azabachería

Ante la puerta de la fachada de Azabachería estaba situada la Fons Mirabilis, descrita con detalles en el Códice Calixtinoque “no tiene pareja en todo el mundo”. Formada por una concha de piedra y una columna de bronce rematada por leones de cuyas bocas manaba generoso caudal, la mandó construir el tesorero Bernardo en 1122. Su agua “de buen paladar, templada en invierno y fresca en verano” era bálsamo para la sed e higiene tanto de compostelanos como de peregrinos, que se aseaban aquí antes de acceder a la basílica. En la misma plaza, ensanchada tras la concordia entre los monjes de Pinario y el cabildo de la catedral, estaban situados los “cambeadores”, la ubicación de los cuales aún recuerdan los puestos de souvenirs que se abren bajo arcos a la derecha de la fachada de la Azabachería. En ellos se cambiaba la moneda a los peregrinos para sus gastos en la ciudad,  y se encontraban también numerosos puestos de vendedores de conchas, morrales, botas de vino, zapatos, correas o cinturones, etc.

El plan iconográfico de la románica Puerta del Paraíso, también descrito por el Códice Calixtino, giraba entorno al ciclo del Génesis. La creación, Adán y Eva, el Paraíso, el Pecado Original, la Reprensión y su consecuencia, la condena al trabajo para poder vivir; representada ésta por el ciclo de los meses del año con sus tareas y sinsabores, como el frío de febrero en un relieve conservado en el Museo Catedralicio. La primitiva fábrica medieval, muy dañada tras tantos siglos orientada al húmedo norte y por el fuego que la asoló en el siglo XVIII, estaba además “pasada de moda”. Así que entre 1757 y 1759 se aprobó su derribo e inicio de la nueva fachada de Azabachería en un estilo más acorde con los tiempos.

Eran tiempos del tránsito entre el barroco y el neoclasicismo, un cambio de estilo y de autores que marcaría el resultado final de la obra. Lucas Caaveiro inicia la obra ayudado por su colaborador Clemente Sarela. Ambos imprimieron al primer cuerpo y parte del segundo un sabor netamente barroco compostelano, con placas, sobrias columnas y orejeras en los vanos que recuerda a otras obras de la ciudad de este mismo estilo, como San Francisco o Santa María de Conxo.

Pero el cabildo no debía de estar demasiado satisfecho con el aspecto que iba tomando la fachada de Azabachería cuando en 1765, tras reuniones y desencuentros con los maestros de obras, rompió definitivamente con ellos y con el barroco. Pasó a dirigir los trabajos Domingo Lois Monteagudo. Éste, siguiendo las trazas y dictámenes de la cada vez más influyente Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y las de su maestro Ventura Rodríguez, no rompió totalmente con lo ya trazado y construido. Ambos tratan de darle una apariencia más o menos clásica con medallones y trofeos militares, frontones y jarrones acróteros, y con un remate a modo de calle única en la que cuatro atlantes sostienen un frontón curvo que sirve de base a un Santiago Peregrino, ante el que se arrodillan los reyes Ordoño II y Alfonso III.

El programa escultórico sufrió también importantes transformaciones entre la idea de Lucas Caaveiro y la obra definitiva. De su planteamiento iconográfico subsistió la imagen de la Fe que centra la fachada, de José Gambino. Obra rococó, ésta, con la que la escultura compostelana se despide del barroco, y de su último gran maestro en 1764.