El trasaltar

 

Interior de la Catedral

 

La catedral de Santiago es una “iglesia de peregrinación”. Su diseño y construcción fueron pensados para los peregrinos, que acuden a ella por millones ya desde sus primeros años, en el siglo XI. Se trata de iglesias amplias con una capilla mayor rodeada por el deambulatorio, un pasillo que permite a los peregrinos circular entorno a las reliquias sin interferir en el culto del altar mayor. El trasaltar es lo primero que vemos del interior del templo al entrar por la Puerta Santa. Este trasaltar nos pone en contacto visual inmediato con la urna apostólica, la razón de ser del templo

Desde el trasaltar y por medio de unas simples escalas de madera, los peregrinos medievales subían a tener una cierta “experiencia física” con el santo.

Para las celebraciones “mayores”, la parte del trasaltar se utilizaba como sacristía, apareciendo en las fuentes como la “Sacristía Alta”

Ubicación


Historia del trasaltar

El Trasaltar de la Capilla Mayor. Catedral de Santiago de Compostela

 La Catedral  es una “iglesia de peregrinación”. Su diseño y construcción fueron pensados para los peregrinos, que acuden a ella por millones ya desde sus primeros años, en el siglo XI. Este modelo de iglesia, del que es paradigmática la basílica de Santiago, es compartido por otros templos franceses ubicados en el Camino. Son la iglesia de Santa Fe de Conques, San Saturnino de Toulouse, San Marcial de Limoges y San Martín de Tours. Se trata de iglesias amplias, de tres o cinco naves cubiertas con bóvedas, y con una capilla mayor rodeada por el deambulatorio, un pasillo que permite a los peregrinos circular entorno a las reliquias sin interferir en el culto del altar mayor. En el deambulatorio se abren otras capilla menores donde realizar celebraciones privadas para grupos, culto a otros santos o como lugares de enterramiento.

 

En Santiago, en estas capillas del deambulatorio tenía lugar un hecho  importante del viaje: la entrega del certificado de haber completado la peregrinación, la llamada “Compostela”, sellada y firmada por el prelado. El acto se llevaba a cabo en la Capilla del Salvador. Frente a esta capilla, en la parte trasera del presbiterio hubo antiguamente otra capilla, llamada de la Magdalena. Su culto y lugar de “Confessio”  de peregrinos y entrega de “Compostelas”, así como su función de recinto que custodiaba el Santísimo Sacramento, pasó después a la capilla del Salvador.

 

Tenemos constancia de la existencia de la capilla de la Magdalena desde épocas previas a la reforma barroca de la Capilla Mayor, en el siglo XVII. Gelmírez, al levantar su baldaquino en el siglo XII, allanó el terreno derribando la parte superior del mausoleo romano en el que la tradición sitúa el cuerpo de Santiago. Parece que, por aquel entonces, ya estaba esta capilla en su parte posterior. Ésta estaría cerrada con rejas, puesto que el primer arzobispo de Santiago se refugió en ella cuando una turba asaltó las obras de la gran catedral, aún en construcción. Los atacantes trataron de apedrear al prelado desde la parte alta, lo que indica la existencia de alguna especie de tribuna.

 

Esta “tribuna” en la parte trasera del altar mayor de Santiago sería una constante a lo largo de la historia de la Catedral . Desde la consagración de ésta en 1211 hasta hoy en día, sobre ella era – y es – venerada por los peregrinos una figura de Santiago, del taller del Maestro Mateo. Desde el trasaltar y por medio de unas simples escalas de madera, los peregrinos medievales subían a tener una cierta “experiencia física” con el santo. Parece ser que con la obra del altar de Gelmírez se cerró todo acceso al sancta sanctorum, la tumba apostólica, aunque su altar mayor permitía un cierto contacto visual con ese lugar sagrado. Pero era el momento de abrazar la figura del santo el verdadero punto final de la peregrinación. Además de ese abrazo, los peregrinos se colocaban en la cabeza una corona de plata sujeta con una cadena con el Apóstol, privilegio reservado a los romeros según algunas crónicas. Aquí se veneraban también algunas reliquias que la tradición asocia a la peregrinación y al propio Santiago, como un cuchillo, el bordón o el sombrero.

 

Este espacio del trasaltar ocupado por la capilla de la Magdalena era también el lugar de la primera misa del día, por lo que recibía también el nombre de “Capilla de Prima”. La “Prima”, la primera misa del día, era una misa menor y para el pueblo llano, en contraposición a la misa de coro celebrada por la mañana más tarde en el altar mayor, y que era para el cabildo y dignidades eclesiásticas. La función de capilla de Prima pasó posteriormente a la Capilla de la Inmaculada, en el brazo norte del transepto.

 

Para las celebraciones “mayores”, la parte del trasaltar se utilizaba como sacristía, apareciendo en las fuentes como la “Sacristía Alta”. En el siglo XVI, en época de Alfonso III de Fonseca, se decidió retirar de la parte posterior del altar mayor el otro altar dedicado al Santísimo Sacramento, trasladándolo a la capilla central de la girola en 1522. Diez años después se ordenó el definitivo desmantelamiento de esa capilla, ya en mal estado. Quedó esa parte posterior como simple “sacristía alta”, rodeando todo el recinto con una reja de Guillén de Bourse y Pedro Flamenco, de la cual tan solo nos han llegado algunos fragmentos convertidos en tenebrario y candelero del cirio pascual. Sin embargo, en los años cincuenta del siglo XVI se volvió a disponer en esta parte de la cabecera la custodia realizada por Antonio de Arfe, que hoy se conserva en el Museo, al tiempo que se retocó el espacio. Con todo, aún se conserva la mayor parte del altar mayor y trasaltar de la época de Gelmírez.

 

En el mismo siglo XVI, se hicieron nuevas transformaciones del espacio en clave renacentista con las tablas de Juan Bautista Celma, hechas para el cierre posterior de la capilla mayor hacia 1569. Como vemos en el ejemplo conservado en el Museo Catedralicio, y a pesar de haber perdido casi por completo la composición de cierre, se trataba de cinco grandes tablas pintadas por ambas caras, con una gran calidad y estilo manierista italiano. La doble faz permitía la difusión de un programa iconográfico hacia la parte del deambulatorio y otro hacia el interior del presbiterio. Así, por dentro están narrados los episodios de la vida y pasión de Cristo; y por fuera, los misterios gloriosos del rosario. En conjunto, ésta sería la apariencia del trasaltar de la Catedral en el año 1589.  

 

A causa del temor a que el pirata inglés Sir Francis Drake asaltara el templo y robase las reliquias, atentando así contra el catolicismo y la autoridad papal de Roma, este mismo año el arzobispo Juan de Sanclemente escondió, a la luz de las velas y con la aprobación del cabildo, los restos de Santiago y sus dos discípulos. Drake fue repelido en A Coruña por las tropas comandadas por el Marqués de Cerralbo con la ayuda popular encabezada por María Pita. San clemente, quien siempre se negó a que las reliquias salieran de su santuario  – “Dejemos al Santo Apóstol, que él se defenderá y nos defenderá a nosotros”, se cuenta que dejó dicho -, se llevó el secreto del escondite a la tumba en 1602. Los restos permanecieron ocultos hasta las excavaciones que el canónigo López Ferreiro realizó en época del cardenal Payá, en 1879, y que sacaron a la luz tan importantes reliquias. Habían sido escondidas no muy lejos de su emplazamiento original, el trasaltar, justo donde hoy el enlosado de la basílica muestra una gran estrella. Efectivamente, habían sido enterrados como la tradición decía, con restos de cera entorno al escondite procedente de las candelas usadas en el turbulento momento de su ocultación.

 

El redescubrimiento fue certificado por el papa León XIII y su bula Deus Omnipotens que marcó, junto a otros acontecimientos, el resurgir del culto apostólico y la peregrinación a Compostela. Las reliquias se trasladaron a su mausoleo original, bajo el altar mayor. López Ferreiro dirigió las obras, encaminadas a la transformación del espacio y su apertura al público a través de pequeñas escaleras justo en la frontera entre Altar mayor y el trasaltar. Justo ahí, un retablo de Pedro del Valle ilustra episodios de la vida jacobea, y recuerda con algunos fragmentos de granito y mármol el Arca Marmorica y los primeros altares de la Catedral. En los laterales de este retablo, están dos urnas que fueron usadas como depósito de las sagradas formas en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, celebrada en el Monte del Gozo de Santiago.

 

El Trasaltar de la Capilla Mayor de la Catedral De Santiago
El trasaltar

Así pues, el deambulatorio de la Catedral no es tan solo un lugar de paso entre un lado y otro de la basílica. Como hemos visto, sufrió importantes transformaciones hasta conseguir el aspecto actual. El trasaltar a él abierto no perdió su gran trascendencia por ser menos importante que el altar mayor. No olvidemos que es lo primero que vemos del interior del templo al entrar por la Puerta Santa. Este trasaltar nos pone en contacto visual inmediato con la urna apostólica, la razón de ser del templo. Lo acompañan y cierran grandes vitrales enmarcados y engalanados en bronce, fundidos en Ferrol en 1818 por Andrés Antelo y costeados por el arzobispo Rafael Muzquiz. Los angelitos que rodean el trasaltar y altar mayor con su mano extendida portaban lámparas que iluminarían estos espacios. Estas lámparas, como un antiguo botafumeiro, desaparecieron durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, a principios del siglo XIX.


Fotos del Trasaltar


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El trasaltar de la Catedral de Santiago
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El trasaltar de la Catedral de Santiago
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Información sobre el trasaltar de la Catedral de Santiago de Compostela: su ubicación, historia y fotografías por historiadores y fotógrafos profesionales expertos en la Catedral
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