Capilla de la Concepción de la Catedral de Santiago

Capilla de la Concepción o de Prima

La Capilla de la Concepción o de Prima está dedicada a la Santa Cruz. Nos lo recuerda uno de los relieves del retablo en el que aparece representado el Descendimiento de la Cruz. La otra hornacina alberga la imagen que da nombre a la capilla, Nuestra Señora de Prima. Es obra de Cornielis de Holanda. Su tumba se encuentra a la derecha de la entrada, bajo un arco del muro, precisamente por ser el más cercano al altar mayor de Santiago.

Historia de la Capilla de la Concepción

Bajo las órdenes del llamado Maestro de las Platerías, las obras de la catedral románica avanzaban con el impulso de Gelmírez. Tanto aumentó entonces el ritmo de la construcción que en 1105 las capillas de la cabecera y del transepto pudieron ser consagradas por el que sería el primer arzobispo de Santiago.

Entre éstas y varios altares, está la actual Capilla de la Concepción o de Prima, que ocupa el solar – y algo más – de la románica capilla de la Santa Cruz.

Capilla de Prima. La verja en los dos vanos fue diseñada por Francisco Lorenzo y Clemente Lorenzo a principios del siglo XVIII
La verja en los dos vanos fue diseñada por Francisco Lorenzo y Clemente Lorenzo a principios del siglo XVIII

Su ampliación y reforma la debemos a unos protagonistas que encontramos también en el aspecto actual de otras capillas de la girola. Se trata de Alonso de Fonseca como impulsor, Juan de Álava como diseñador, y Jácome García para materializar sus planos.

La Cofradía de Clérigos o Capellanes de Coro, llamados también de la Inmaculada Concepción, cuya existencia podemos constatar ya en el siglo XII, fue la que pidió los permisos para realizar esta nueva obra en 1523.

La vieja dedicación a la Santa Cruz de este espacio es recordada por uno de los relieves del actual retablo de la capilla, trazado en 1721 por Domingo de Andrade y construido por Antonio Alfonsín y Manuel Leis. Bajo arco, aparece representado el Descendimiento de la Cruz, que pudo ser tallado por Diego de Sande.

Descendimiento de la Cruz, que pudo ser tallado por Diego de Sande.
Descendimiento de la Cruz, que pudo ser tallado por Diego de Sande.

La otra hornacina alberga la imagen que hoy da nombre a la capilla, Nuestra Señora de Prima.

Capilla de Prima. Imagen de la Inmaculada
Imagen de la Inmaculada

Ésta es obra de Cornielis de Holanda, y proviene de un retablo anterior diseñado por el mismo maestro en 1526. Su parte pictórica es de Juan Bautista Celma, polifacético artista que  también realizó algunas pinturas cuyos restos se encuentran tras el retablo actual, de Simón Rodríguez. Entre éste y el de Cornielis, aún se contrató otro con Francisco Antas en 1636.

El mismo Cornielis es el autor de una de las más bellas esculturas funerarias de Galicia.

Capilla de Prima. Detalle del sepulcro del Canónigo Rodríguez Agustín de Cornielles de Holanda
Sepulcro del Canónigo Rodríguez Agustín de Cornielles de Holanda

Se trata del sepulcro del canónigo Antonio Rodríguez Agustín, quien en 1525 obtuvo el permiso del cabildo para ser enterrado en esta capilla.

Su tumba se encuentra a la derecha de la entrada, bajo un arco del muro, precisamente por ser el más cercano al altar mayor de Santiago.

La decoración del nicho, presidido por el escudo familiar del difunto, responde de nuevo al momento en que fue realizada, y es por tanto propia del Renacimiento.

Rodríguez Agustín había dejado como herederas de un buen número de obras de orfebrería y ornamentos a la catedral y a la Cofradía de Clérigos de Coro.

No es extraño, pues, que obtuviera el favor de ser enterrado aquí, disponiendo por contrato, además, que el yacente de su tumba ha de ser un diácono con un libro sujeto por las manos en su pecho y un león a sus pies.

El resultado final, de hermosa factura, refleja fielmente el pliego de condiciones.

La misma cofradía contrató también el cierre de la capilla. Encargó de ello a Francisco Lorenzo en el año 1709, fecha que campea en el cerrojo frente a la talla de la Virgen, mientras que en el otro, obra ya a su hijo Clemente Lorenzo, consta la de 1712.

Posiblemente, estos mismos Lorenzo fueron los artífices del diseño, aunque en el contrato se alude a Domingo de Andrade como el autor de las trazas a seguir, pero parece poco probable que finalmente fuera así.

Precisamente, tras la verja y bajo el relieve del Descendimiento de la Cruz, vemos la discreta tumba de este gran maestro que tanta huella dejó en la catedral compostelana.

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