Catedral de Santiago de Compostela

La historia de la Catedral de Santiago de Compostela comienza cuando entre el año 820 y 835, el obispo Teodomiro, descubre los restos del Apóstol Santiago en el Bosque de Liberdón.

El hallazgo supuso el nacimiento de Santiago de Compostela y el inicio de una tradición que hizo del noroeste de la península Ibérica uno de los principales referentes de la cristiandad.

Se construyeron tres iglesias distintas hasta que en el año 1075 comenzó la construcción de la Catedral de Santiago que hoy conocemos y que siguen visitando peregrinos de todo el mundo motivados por la devoción, la curiosidad, la cultura, la búsqueda personal o cualquier otra razón.

Esta es la historia de la construcción de la Catedral de Santiago que, hasta su consagración en el año 1211, vivió infinidad de acontecimientos, revueltas, intrigas, avances técnicos, incendios, sucesiones de reyes, obispos y arzobispos… Y por supuesto, interrupciones en las obras.

Historia de la construcción de la Catedral de Santiago

Descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago

El ermitaño Pelayo

Cuenta el relato legendario que un ermitaño de nombre Pelayo observó cerca del lugar donde vivía, el bosque de Liberdón, fenómenos luminosos y en sueños recibió el oráculo de los ángeles de que se trataba de los restos del Apóstol Santiago.

El Obispo Teodomiro

Cuando Teodomiro obispo de Iria-Flavia se entera, se dirige con todo su sequito al bosque Liberdón, a veinte kilómetros de Iria-Flavia.

Tras tres días de ayuno se adentra en el bosque y descubre en medio de la vegetación una casita que contenía en su interior una tumba marmórea, que identifica como el túmulo sepulcral del Apóstol Santiago.

Teodomiro es consciente de la importancia del hallazgo, aunque se limita a informar a su rey Alfonso II, monarca del Reino Asturiano. Evita actitudes grandilocuentes, ya que el hecho de yacer en su obispado los restos de un apóstol elegido por el Señor podría elevarle a la misma categoría del obispo de Roma.

El rey Alfonso II

La reacción del Monarca no fue tan rápida como cabría esperar, pues en Asturias ya existía un templo prerrománico donde se daba culto al Salvador por guardar valiosas reliquias en su cuya cámara santa

Finalmente, en el año 834, varios años después del hallazgo, y tras un viaje realizado por el monarca y su corte a la tumba descubierta se pone en marcha la construcción de un conjunto de espacios y servicios para su culto.

Además, dispone construir un pequeño monasterio, San Salvador de Antealtares, para custodiar y adorar las reliquias, así como atender a los primeros peregrinos que empiezan a llegar tan pronto la noticia se expande por el mundo cristiano.

El viaje de Alfonso II y su corte desde Oviedo a la tumba del apóstol es considerado como la primera peregrinación oficial al lugar santo y conocida hoy en día como camino primitivo a la Catedral de Santiago.

Por la relevancia espiritual del cuerpo que cobija, el espacio se convierte en santo y a partir de ese momento se conocerá como Locus Sancti Iacobi o Jacobi  (lugar de Santiago).

Construcción de las primeras iglesias

La iglesia de Alfonso II

La iglesia de piedra y lodo, en palabras de la época, mandada construir por Alfonso II en el año 834 se queda pequeña.

La iglesia de Alfonso III

Pocas décadas Alfonso III, sobrino de Alfonso II, manda construir una nueva iglesia que se consagra en el año 899. En su construcción se emplean materiales lujosos como la piedra serpentina, pórfido rojo y mármol traído de la recién reconquistada ciudad de Coria.

Se trataba ya de una iglesia de generosas proporciones para la época, de tres naves cubiertas con techumbre de madera y una cabecera de gran anchura por estar condicionada a acoger el mausoleo romano de Santiago. El acceso se efectuaba por un pórtico occidental, adosado a su muro norte tenía una capilla baptisterio dedicada a San Juan Bautista. De esta iglesia se encontraron numerosos restos en las excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XX.

Contemporánea a esta basílica prerrománica será la capilla de la Corticela (dedicada a San Esteban en su origen y a Santa María actualmente), hoy con modificaciones románicas y posteriores e integrada en la Catedral de Santiago como una capilla más, aunque sigue siendo parroquia de extranjeros. Nació como iglesia para servicio de otro monasterio fundado por el rey en las proximidades de la catedral, el de Pinario.

La fachada barroca de la Quintana integró la Corticela en el perímetro de la Catedral de Santiago y cegó la estrecha calle que quedaba entre ambas iglesias.
La fachada barroca de la Quintana integró la Corticela en el perímetro de la Catedral de Santiago y cegó la estrecha calle que quedaba entre ambas iglesias.

El ataque del caudillo árabe Almanzor

En el año 997 el caudillo árabe Almanzor ataca la ciudad, prende fuego a la iglesia y roba sus puertas y campanas. La tradición cuenta que fueron trasladadas a sus palacios de Córdoba a hombros de prisioneros cristianos y como desagravio son devueltas a hombros de musulmanes cuando la ciudad es reconquistada.

Campanas de la Catedral de Santiago devueltas a hombros de musulmanes cuando la ciudad es reconquistada.

A esta basílica puede que perteneciera la pila bautismal que está hoy en el brazo sur de la catedral. Según la leyenda, el caballo de Almanzor bebió de ella y cayó de inmediato fulminado ante tal sacrilegio.

Pila Bautismal. En mármol, con tapa posterior, se data en el siglo IX. Según la leyenda, beber de ella para burlarse de los cristianos costó la vida al caballo de Almanzor.
Pila Bautismal de la Catedral de Santiago. En mármol, con tapa posterior, se data en el siglo IX. Según la leyenda, beber de ella para burlarse de los cristianos costó la vida al caballo de Almanzor.

El obispo San Pedro de Mezonzo y el Bermudo II mandan reconstruir la iglesia. Pero se quedaba pequeña para la ingente cantidad de peregrinos que acudían a Santiago. Se inicia entonces la construcción de la Catedral Románica de Santiago de Compostela que hoy en día conocemos.

La Catedral románica

Inicio de las obras y derribo de la Iglesia de Alfonso III

Las obras de la Catedral de Santiago de Compostela comienzan en el año 1075 por la Capilla del Salvador en tiempos del obispo Diego Peláez y el rey Alfonso IV.

Capilla del Salvador. Detalle de su fondo, con el retablo centrado renacentista y la imagen gótica titular.
Capilla del Salvador de la Catedral de Santiago. Detalle de su fondo, con el retablo centrado renacentista y la imagen gótica titular.

Así se puede leer en las inscripciones de sus capiteles y muros. Las obras serán encomendadas al Maestro Bernardo el viejo, junto a Roberto y otros cincuenta canteros.

Museo de la Catedral. Vaciado de escayola de uno de los capiteles de la capilla del Salvador cuya inscripción habla del comienzo de las obras de la catedral. Año 1075.
Museo de la Catedral. Vaciado de escayola de uno de los capiteles de la capilla del Salvador cuya inscripción habla del comienzo de las obras de la Catedral de Santiago. Año 1075.

Primera interrupción de las obras

Las turbulencias políticas que se suceden unos años después acaban con el prelado en la cárcel en 1087, lo que supone un primer alto en las obras hasta que la figura de Diego Gelmírez irrumpe en la historia de Compostela en 1093 como administrador.

En 1095 la sede de Iria se traslada a Santiago, y en 1101 se le nombra obispo de Santiago, lo que supone que tiene autoridad para dar un fuerte impulso a las obras de la basílica.

En los años siguientes se retoman las obras y al cargo de estas se ha especulado con varios nombres:  como Bernardo el Joven, nieto del primer maestro o de Esteban, aunque se suele hablar de un maestro llamado de Platerías cuya filiación real se desconoce.

En 1105 tras levantar las tres capillas centrales de la girola, se puede consagrar un crucero prácticamente terminado con sus dos fachadas laterales y tras haber acortado un tramo de la iglesia de la Corticela.

El avance de las obras continúa a buen ritmo, de modo que la vieja basílica de Alfonso III supone ya un estorbo y se decide derribarla en 1112.

Revueltas contra el obispo Gelmírez

En 1117 las revueltas contra el obispo Gelmírez causan grandes estragos en lo ya construido, haciendo necesario la utilización en las dañadas fachadas del crucero de algunas piezas que posiblemente iban destinadas la fachada occidental, aún lejos de empezarse a levantar.

Retornado Gelmírez a su sede, reconstruye su palacio episcopal al lado norte de la Catedral de Santiago. Al mismo tiempo prosigue las obras, ya con la autoridad que le confiere el hecho de lograr en 1120 ser nombrado arzobispo, merced a sus buenas relaciones con Roma.

Ello facilita también que Santiago sea elevada a sede metropolitana en detrimento de Mérida, aún sin reconquistar a los musulmanes.

El Códice Calixtino y la Historia Compostelana sitúan el fin de las obras de la Catedral de Santiago en 1122 y 1124 respectivamente.

Sin embargo, el primero de los libros tras describir detalladamente las fachadas laterales, que sí estaban rematadas, al referirse a la occidental da sólo unas simples pinceladas de su aspecto, con la excusa de una supuesta magnificencia que hace imposible describirla.

La Fachada occidental Maetana

Está claro que nada de la fachada occidental estaba aún en pie. El rey Fernando II firma en 1168 con el Maestro Mateo – ya a cargo de las obras, un contrato para finalizar la construcción y, por tanto, de su fachada occidental también.

Mateo recibe una importante pensión vitalicia, lo que unido a que se le cita por el nombre indica su prestigio ya por aquel entonces.

Construye los dos últimos tramos del cuerpo principal sin apenas alteraciones con el diseño preexistente, y da rienda suelta a su genio y conocimientos importados de Francia y otras partes en el último, donde levanta el Pórtico de la Gloria.

Para salvar el desnivel de terreno existente hacia ese lado, donde ya no había llegado la vieja basílica de Alfonso III, Mateo levanta una innovadora cripta que soporta toda la estructura y cuyo gran pilar compuesto central corresponde con el parteluz del Pórtico.

Cripta del Pórtico de la Gloria. Vista general desde el crucero hacia la cabecera. En el medio, el gran pilar compuesto que, en la basílica, se corresponde con el parteluz.
Cripta del Pórtico de la Gloria. Vista general desde el crucero hacia la cabecera. En el medio, el gran pilar compuesto que, en la basílica, se corresponde con el parteluz.

La cripta tiene una planta de pequeña cruz latina con deambulatorio y capillas abiertas a él. Las claves de sus bóvedas con el sol y la luna inician un mensaje apocalíptico que se desarrolla en el Pórtico de la Gloria y remata en la tribuna.

Detalle de una de las claves de bóveda. Un ángel porta el sol, completando el mensaje iconográfico del Pórtico de la Gloria. Restos de policromía.
Detalle de una de las claves de bóveda. Un ángel porta el sol, completando el mensaje iconográfico del Pórtico de la Gloria. Restos de policromía.
Detalle de una de las claves de bóveda. Un ángel porta la luna, completando el mensaje iconográfico del Pórtico de la Gloria.
Detalle de una de las claves de bóveda. Un ángel porta la luna, completando el mensaje iconográfico del Pórtico de la Gloria.

Debido a la similitud de la planta de la cripta con la de la basílica superior esta es llamada por error “Catedral vieja

El 1 abril de 1188 se colocan los dinteles del Pórtico y se sigue con su construcción. Mateo también construyó un coro de piedra, en los primeros tramos de la nave central, que daban continuidad al mensaje del Pórtico.

Inscripción en los dinteles que determinan la fecha de su colocación: 1 de abril de 1188.
Inscripción en los dinteles que determinan la fecha de su colocación: 1 de abril de 1188.

Se remata la Catedral de Santiago con la fachada occidental mateana, permanentemente abierta al exterior por grandes arcadas que se correspondían con los arcos interiores del Pórtico de la Gloria.

Esta tenía un gran rosetón central, una muestra más del avance hacia el gótico del taller del Maestro Mateo. En el siglo XVI a este rosetón se le llamaba “gran espejo”.

Museo de la Catedral. Fragmento de la parte central del gran rosetón del centro de la antigua fachada románica del Obradoiro. Piezas originales y reconstrucción en madera.
Museo de la Catedral. Fragmento de la parte central del gran rosetón del centro de la antigua fachada románica del Obradoiro. Piezas originales y reconstrucción en madera.

Una galería, similar a la actual, se abría sobre una explanada frente a la muralla de Santiago y sus torres defensivas.

Esta terraza no tendría accesos desde el terreno, sino que para entrar a la catedral desde ese lado se haría a través de dos estrechas escaleras al fondo de la cripta, aún practicable hoy en día la del lado norte

La consagración de la Catedral Románica

El 21 de abril de 1211 en presencia del arzobispo Pedro Muñiz y el rey Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral de Santiago. Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy podemos ver en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración.

Cruz de Consagración en la Puerta Santa
Cruz de Consagración en la Puerta Santa

Por esas fechas el estilo románico estaba quedando superado por los avances del gótico, y pocas décadas después, hacia mediados del siglo XIII el arzobispo don Juan Arias pretende construir una gran cabecera en el nuevo estilo.

De haberse concluido supondría la casi total ocupación de la actual plaza de la Quintana, además de convertir la planta en una cruz griega y darle a la catedral de Santiago un aspecto muy diferente del que hoy tiene.

Sin embargo, con la muerte del prelado, el plan cae en el olvido y sólo queda hoy de las obras parte del perímetro previsto bajo las escaleras de la Quintana y a un lado de la cabecera románica.

Sí se llegó a levantar en ese mismo siglo un claustro adosado al sur de la nave central. Aunque ya Gelmírez tuvo la intención de levantar uno románico, parece que éste nunca se llegó a hacer. El gótico fue sustituido por el actual plateresco, más grande, y en un nivel superior.

Transformaciones y añadidos a la Catedral románica

Los siglos XIII y XIV son testigos de otros añadidos y transformaciones sobre la original Catedral románica.

Al claustro y cimborrio más alto que el original se une la construcción de capillas que empezaron a alterar las cuatro románicas semicirculares del crucero y las cinco de la cabecera.

Las más antiguas son la de Nuestra Señora la Blanca o de los España, y la de Sancti Spiritus.

Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la izquierda
Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la izquierda
Vista General de la Capilla de Sancti Spiritus
Vista General de la Capilla de Sancti Spiritus

Es en estos siglos cuando, ante la turbulenta situación que se venía dando en contra de los prelados compostelanos, se refuerza con almenas toda la parte superior de la catedral de Santiago, aprovechando que sus cubiertas eran terrazas escalonadas y transitables.

Con idéntico fin defensivo se construyen las torres de la Trinidad y la Berenguela, frente a la puerta occidental, y un gran torreón llamado del arzobispo Gómez Manrique en uno de los ángulos del claustro.

En el siglo XV se construye una nueva torre defensiva junto a la portada sur que será la base de la actual torre del reloj.

La Torre del Reloj entera vista desde la Plaza de las Platerías
La Torre del Reloj entera vista desde la Plaza de las Platerías

Se multiplican las transformaciones en las capillas: la de Mondragón, la de Prima, la funeraria de don Lope de Mendoza, la de San Fernando y la de las Reliquias, así como las demás que se abren al claustro, y la sacristía.

El claustro había sufrido numerosos daños en las revueltas por lo que, a partir de 1521 se empieza a construir un nuevo claustro plateresco sobre el antiguo. Su construcción se prolonga hasta 1590 y es de Juan de Álava

Durante el Renacimiento (siglos XV y XVI) con la tradición, a imitación de Roma, de una Puerta Santa de utilización exclusiva en los años jubilares, se empieza a dar forma al exterior de la Catedral de Santiago, tal y como hoy lo conocemos.

En la fachada Maetana el gran arco central de Mateo, que nunca se cerraba, es derivado para colocar en su lugar dos puertas con jambas, dinteles y parteluz. Se comienza a desvirtuar la vieja fachada medieval, abocada a desaparecer por su costosa conservación y los nuevos gustos del barroco.

Iniciado el siglo XVII se derriba el coro pétreo de Mateo para poner en su lugar uno manierista de madera, más acorde con las nuevas disposiciones tras el Concilio de Trento y el gusto del momento.

Por los mismos años Gines Martínez estaba levantando las escaleras que aún hoy dan acceso a la puerta de la fachada del Obradoiro. Para ello reutilizo algunos de los sillares del coro dados la vuelta. (esto facilitó la reconstrucción del coro pétreo en 1990 y hoy expuesta en el Museo de la Catedral).

Museo de la Catedral. Se han respetado las medidas de la nave, de modo que éste sería el ancho de la cabecera del coro, en el centro de la nave mayor. La puerta daría a las naves de la catedral por el trascoro.
Museo de la Catedral. Se han respetado las medidas de la nave, de modo que éste sería el ancho de la cabecera del coro, en el centro de la nave mayor. La puerta daría a las naves de la catedral por el trascoro.

Es en los siglos XVII y XVIII cuando se darán las mayores transformaciones que dejan el interior y exterior de la Catedral de Santiago como hoy la conocemos

Fachada maetana 1657

El barroco trae un interés por el urbanismo que afectará también a la urbanización de los espacios adyacentes al templo con sus grandes plazas y majestuosos edificios vecinos, casi todos ellos además relacionados con la catedral como la Casa del Cabildo, la del Deán o la de la Conga.

El canónigo Vega y Verdugo, hacia la mitad del siglo XVII pone en marcha un ambicioso plan de reformas que comienzan por la cabecera de la Catedral de Santiago.

La plaza de la Quintana, donde se ubica la cabecera de la Catedral, era uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Se celebraba el mercado, se enterraba a muchos de los difuntos y se realizaban gestiones en las casas consistoriales próximas.

Tras muchos siglos de obras, añadidos y reformas, esta parte de la oriental de la Catedral era un verdadero caos de entrantes, salientes, muros y capillas. Este caos se acentuaba con el monumental muro de líneas puras y sobrias del convento de Antealtares, construido unas décadas antes.

Para solucionar este desorden se encarga un proyecto a José de la Peña Toro, que proyecta una fachada que encierra todas las capillas y en la que se abre el Pórtico Real, la Puerta Santa, y la Puerta de los abades, además de un espacio utilizado para el reparto de la Comunión a los romeros.

Tras esta fachada queda integrada la antigua iglesia de la Corticela aunque conservará la portada de influencia maetana. Se comunicaba con la nave norte de la Catedral por una escalera de la capilla de San Nicolás.

También se sustituyen las almenas, ya innecesarias, por una crestería barroca de balaustres y pináculos de gusto barroco.

El claustro, que se había empezado a rodear con nuevas dependencias de servicio como el Tesoro en la plaza de las Platerías, de Rodrigo Gil de Hontañon (1540), y con su novedosa torre escalonada, se completa en los siglos XVI, XVII y XVIII en su exterior.

Detalle de la Torre del Tesoro, en la plaza de las Platerías, con su característico remate escalonado.
Detalle de la Torre del Tesoro, en la plaza de las Platerías, con su característico remate escalonado.

Hacia el Obradoiro trabajan en ese cierre Gaspar de Arce y Juan de Herrera, con adiciones de Jácome Fernández (Torre de la Vela), ya en el XVII y Lucas Caaveiro tras un incendio en 1751.

Torre de la Vela
Torre de la Vela

Por otro lado, en 1720, Fernando de Casas añade una pequeña fachada abierta hacia la Plaza de las Platerías, y unos años antes, en 1705, Simón Rodríguez ingenia la gran concha jacobea que sostiene, en esta misma plaza, unas escaleras que unen las naves con el Tesoro.

La fachada del Obradoiro

Pero es sin duda la fachada del Obradoiro la obra que más influirá en el aspecto definitivamente barroco que tiene al exterior esta catedral románica de Santiago.

El viejo hastial medieval con la cripta mateana debajo y su logia exterior habían empezado a cambiar cuando en el XVI se cierra con puertas y modifican los arcos medievales, y se construye la escalinata monumental de inicios del XVII.

La fachada románica estaba ya pasada de moda, se había tenido que reforzar una de las torres laterales, y el gran rosetón con vidrios emplomados de su calle central requería de costosas reparaciones.

Así pues, se decide en 1738 derribarla y construir una nueva más acorde al nuevo estilo barroco. La nueva fachada debía ser una apoteosis de Santiago y de la monarquía española, representados por la figura de Santiago Peregrino venerado por reyes, Atanasio, Teodoro, Santiago Alfeo, Santa Salomé, el Zebedeo, el escudo real…

El proyecto se le encarga a Fernando de Casas, quien no desmonta por completo todo lo anterior, conocedor de que si retira alguna de las estatuas columnas de Mateo que sostienen la bóveda del Pórtico, todo ese nártex se vendrá abajo.

Reutiliza, asimismo, los cubos inferiores de las dos torres laterales de la fachada (la de la carraca la norte y de las campanas la sur), pero las iguala en altura y diseña sus cuerpos superiores en disminución de volúmenes hasta los capulines superiores, todo ello cuajado de rocallas, decoración vegetal, entrantes y salientes, blasones…al gusto del barroco.

Proyecto fachada del obradoiro

En el centro, sobre el nuevo “gran espejo”, el escudo del cabildo de Santiago, con el sarcófago del Apóstol, la estrella encima y el coro de ángeles que anunciaron a Pelagio su ubicación.

Gran espejo y escudo cabildo en la Catedral de Santiago

La misma solución de elevar un remate barroco sobre un cuerpo inferior medieval se había utilizado en la cúpula que corona el cimborrio gótico, y, sobre todo, en la torre del reloj, surgida como un cubo defensivo desde 1468 y reconvertida en una torre de uso totalmente religioso y civil con el cuerpo superior que levanta Domingo de Andrade en el último tercio del siglo XVII.

En él campea desde 1831 un reloj de Andrés Antelo que marca con una sola aguja las horas en sus cuatro esferas de mármol blanco calado.

Detalle de la esfera del reloj y de la decoración barroca a su alrededor

En los cuerpos superiores, las campanas de las horas y los cuartos del siglo XVIII dieron paso a las actuales a finales del siglo XX, tras haberse rajado el bronce en las antiguas que hoy se exponen en el claustro de la catedral.

Antiguas campanas de la Torre del Reloj

Configurado casi definitivamente el aspecto exterior de la Catedral de Santiago tal y como hoy lo conocemos, en el interior las obras las intervenciones barrocas se multiplican.

Aunque algunas capillas medievales habían recibido retablos ya en el siglo XVI, como la del Salvador, Santa Fe o la de Mondragón, es ahora cuando se construyen la mayoría de los retablos para las capillas, modificándose también la arquitectura de algunas de ellas.

De éstas, destacan dos de nueva planta, la capilla del Pilar, apoteosis barroca de Domingo de Andrade, y la del Cristo de Burgos, hacia los pies de la basílica.

Capilla del Pilar: Vista general desde la entrada.
Capilla del Pilar: Vista general desde la entrada.
Capilla del Cristo de Burgos
Capilla del Cristo de Burgos

La Capilla Mayor

La capilla mayor barroca contrasta, sin desentonar, con los muros y arcos románicos
La capilla mayor barroca contrasta, sin desentonar, con los muros y arcos románicos

Pero sin duda la transformación interior más importante del barroco – además del nuevo órgano y sus retablos construidos desde inicios del XVII – es la nueva capilla mayor, donde desde el medievo y con diversos añadidos y pequeñas transformaciones estuvo el cimborrio de Gelmírez sobre la imagen sedente del XIII de Santiago.

Detalle de la decoración barroca de los retablos de los órganos

De escuela del Maestro Mateo, a ella se encaramaban los peregrinos para tocarla y antaño ponerse su corona (hoy, lo tradicional es abrazarla).

El Apóstol Santiago del siglo XIII, con sus añadidos barrocos y la Inmaculada fundida por Pecul sobre el sagrario

Desde la segunda mitad del XVII, el trabajo de maestros de la talla de Domingo de Andrade, Fray Gabriel de las Casas, Manuel de Prado, Jacobo Pecul o Ángel Piedra dejarán su impronta en el monumental baldaquino sostenido por ángeles, así como en el camarín de Santiago, en su altar, el sagrario, y en el cierre perimetral de la capilla y reja.

Una innovación de Santiago. El baldaquino es soportado por grandes ángeles.

Bajo este espacio, desde finales del siglo XIX y con el redescubrimiento de los huesos de Santiago (1878), se abre el mausoleo romano, ya muy rebajado en su alzado por las sucesivas obras en la capilla mayor, y se hacen visitables las reliquias dentro de una urna de plata de José Losada hecha en esos años.

Las reliquias las había escondido en 1589, cerca de su ubicación original, el arzobispo San Clemente por miedo al pirata Drake.

La cripta apostólica. Los muros del mausoleo romano y su distribución sufrieron alteraciones desde la edad media hasta la definitiva cripta del XIX. Al fondo, la urna.

Ante el presbiterio, utilizando desde finales del XVI un ingenio mecánico ideado por Juan Bautista Celma, el Botafumeiro da mayor gloria a Dios y perfuma un ambiente a menudo cargado por la multitud de peregrinos que en la Edad Media incluso dormían en las tribunas de la Catedral de Santiago.

Detalle del cimborrio gótico sobre el crucero de la catedral con el mecanismo para el movimiento del botafumeiro de Celma de fines del XVI

El actual Botafumeiro es de latón, hecho por el compostelano José Losada en 1851.

El botafumeiro más de cerca. Detalle de los motivos jacobeos que lo rodean.

Derribo de la Fachada del Paraíso

En los años finales del barroco y llegando ya el neoclasicismo se derriba la antigua Fachada del Paraíso del brazo norte del transepto por la que entraban los peregrinos del Camino Francés, muy dañada por un incendio en 1758. La nueva la diseña Lucas Caaveiro, a quien ayuda Clemente Sarela.

De concluir las obras se encargará Domingo Lois Monteagudo, quien recibe algunas sugerencias de Ventura Rodríguez y el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que por esos años supervisa los proyectos.

Se termina en 1769, tratando de adaptar un diseño barroco a un gusto ya Neoclásico. En este último estilo se construye la más “moderna” de las capillas de la catedral, la de la Comunión.

Vista general de la Capilla de la Comunión con su característica planta neoclásica de rotonda
Vista general de la Capilla de la Comunión con su característica planta neoclásica de rotonda

Domingo Lois Monteagudo le da forma de rotonda clásica cubierta por una cúpula soportada por ocho monumentales columnas jónicas, y ocupa el solar donde estuvo hasta entonces la gótica de don Lope de Mendoza.

Con el mismo gusto neoclásico y el influjo de la Academia de San Fernando, el obispo Sebastián Malvar pretende en 1794 liberar del coro la nave central, trasladándolo a una nueva capilla mayor en el estilo ilustrado de la época, con una nueva fachada exterior y renovada Puerta Santa. Ferro Caaveiro y Melchor de Prado firman los proyectos, aunque jamás se llevarían a cabo más que en algunos cuadros previstos para el espacio interior.

Queda así rematada una historia de los estilos artísticos desde el prerrománico hasta el neoclásico en la Catedral de Santiago que aún recibirá algunas aportaciones en los últimos años, ya en los movimientos “neo” de las primeras décadas del siglo XX (retablo neogótico de la capilla de los España y de las Reliquias de Magariños), ya con diseños más propios de nuestros días (nuevas hojas de bronce de la Puerta Santa de 2004).

Museo de la Catedral

El Museo de la Catedral de Santiago permite conocer casi todos los espacios del complejo catedralicio, incluyendo los tejados, las tribunas, el claustro, los cuartos que lo cierran, y el palacio de Gelmírez.

Vista de las cubiertas de la catedral, cómodamente transitables por su disposición de losas de piedra escalonadas. Al fondo, trasera de la fachada del Obradoiro

Nos ofrece además un recorrido por algunas de las piezas que formaron parte de espacios ya desaparecidos como el claustro gótico, capillas, antiguas fachadas…por sus ornamentos (tímpanos, esculturas, partes de retablos y coros…) y por los documentos que conforman la historia de la Iglesia de Santiago (Tumbos A, B y C, Historia Compostelana, Breviario de Miranda, Códice Calixtino…).

Portada del Libro IV. El conocido hoy como “Pseudo Turpin”
Portada del Libro IV. El conocido hoy como “Pseudo Turpin”

Permite también asombrarse con la magnificencia de su Tesoro, que incluye piezas en materiales preciosos artísticamente trabajados desde la Edad Media a nuestros días, muchas de ellas donadas por peregrinos ilustres (reyes, militares, cargos eclesiásticos…) o por grupos.

Vista general de la Capilla de San Fernando, que hoy acoge el Tesoro y forma parte del recorrido del Museo de la Catedral.

Cierran el recorrido por el museo las colecciones textiles, desde exóticas telas medievales del lejano oriente hasta el gallardete de la Batalla de Lepanto del siglo XVI, además de ricas ropas litúrgicas.

Terno de don Pedro de Acuña y Malvar. Seda y oro, finales del XVIII-principios del XIX.

Merecen especial mención y una detallada visita la colección de tapices, en gran parte posible gracias a algunas donaciones, y que con sus obras sobre cartones de Rubens, Teniers, o Goya, entre otros, constituye una de las mejores de toda España.

Museo de la Catedral. Vista general de la sala dedicada a los tapices de Goya

Visitar la Catedral

La Catedral de Santiago permanece abierta todos los días del año de 9:00 a 20:00 de la tarde. El acceso es gratuito para visitantes individuales, salvo para ver los espacios y colecciones del Museo de la Catedral y el Pórtico de la Gloria.

El Pórtico de la Gloria también se puede visitar gratuitamente de 19:00 a 20:00 retirando una invitación el día anterior a la visita en los bajos de la Casa del Deán, rúa del Villar número 3.  Los domingos están reservados para residentes en Santiago de Compostela.

El acceso y salida se debe realizar por la puerta de la fachada de Platerías y está prohibido entrar con mochilas. Solamente se puede acceder con riñoneras, bandoleras de pequeño tamaño y bolsos. Disponemos de consignas en las cercanías de la Catedral donde podremos dejar el equipaje.

Los grupos deben reservar previamente en www.catedraldesantiago.es o en el teléfono 902 044 077

Podemos obtener más información en la Sacristía de la Catedral en el teléfono (+34) 981 583 548 o en www.catedraldesantiago.es

Visitar el Museo de la Catedral

El Museo de la Catedral incluye las siguientes colecciones y espacios:

  • Colecciones: arquitectura y escultura, pintura, orfebrería, tapices y artes textiles.
  • Espacios musealizados: capilla de San Fernando, capilla de las Reliquias, Biblioteca y Sala Capitular, tribuna y cubiertas, excavaciones arqueológicas, el Claustro y el Palacio de Gelmírez.

Existen precios para visitantes individuales, tarifa básica y reducida, y para grupos dependiendo si son turísticos, educativos o asociaciones culturales

La duración media de la visita es de 75 minutos y se puede adquirir por 5€ un libro guía de la visita al Museo.

Las entradas las podemos adquirir en la web de venta de entradas de la Catedral o en las propias entradas al Museo.

Precio visitas Museo Catedral

El acceso para niños menores de 12 años es gratuito.

Visitantes individuales

Tarifa básica de 6€

Tarifa reducida de 4€

  • Familias numerosas
  • Desempleados
  • Estudiantes
  • Peregrinos acreditados
  • Mayores de 65 años

. Grupos

Turísticos: depende de la condición de los miembros del grupo.

Educativos: Escolares 2€ – Universitarios 4€ y gratuito para los profesores (máximo 2 profesores cada 50 alumnos)

Asociaciones culturales: se deberá solicitar la visita y la tarifa a [email protected]

Visitar el Pórtico de la Gloria

La entrada y salida se realiza por la recepción del Palacio de Gelmírez, en la plaza del obradoiro, debiendo presentarse 10 minutos antes de la hora de la visita.

La visita individual, no se puede hacer  con guía propio. Debe ser un guía de la Fundación Catedral de Santiago.

Debido a las obras en la Catedral actualmente no es posible el acceso en silla de ruedas .

Se puede adquirir por 5€ un libro guía de la visita al Pórtico de la Gloria.

Las entradas las podemos adquirir en la web de venta de entradas de la Catedral o en las propias entradas al Museo.

Precio visitas Pórtico de la Gloria

El acceso para niños menores de 12 años es gratuito.

Visitantes individuales

Tarifa básica de 10€

Tarifa reducida de 8€

  • Familias numerosas
  • Desempleados
  • Estudiantes
  • Peregrinos acreditados
  • Mayores de 65 años

Grupos

Turísticos: 8€.

Educativos: Escolares 2€ – Universitarios 6€ y gratuito para los profesores (máximo 2 profesores cada 25 alumnos)

Asociaciones culturales: se deberá solicitar la visita y la tarifa a [email protected] 

 

Fotografías de la Catedral

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