Foto nocturna de la Catedral de Santiago

La catedral de Santiago de Compostela es la cuarta iglesia de las que se construyeron sobre el sepulcro del Apóstol Santiago. Su construcción comenzó en el año 1075 y hasta su consagración en 1211 se sucedieron infinidad de acontecimientos, revueltas, intrigas, avances técnicos, incendios, sucesiones de reyes, obispos y arzobispos… Y por supuesto, interrupciones en las obras.

¿Qué quieres conocer de la Catedral de Santiago?

Conoce a fondo todos los espacios de la Catedral de Santiago de Compostela

Interior de la Catedral

El Botafumeiro, la Puerta Santa, el Baptisterio, los Órganos, la Sacristía, la Cripta Apostólica, El trasaltar, las naves y el crucero y 18 Capillas
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Museo de la Catedral

El Museo de la Catedral permite conocer casi todos los espacios del complejo catedralicio, incluyendo los tejados, las tribunas, el claustro, los cuartos que lo cierran, y el palacio de Gelmírez.
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Pórtico de la Gloria

Tímpano, Parteluz,Arcos Laterales,Mensaje, Cripta, Tribuna
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Información de la Catedral de Santiago

Misas en la Catedral

Horarios de misas de la Catedral
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Xacobeo

¿Qué es el jubileo cristiano?

 Con origen en el jubileo hebreo y a imitación del año jubilar de los israelitas, nombrado en el Antiguo Testamento, en la iglesia católica el Año Santo o Año Jubilar es cuando se conceden indulgencias a los fieles bajo determinadas condiciones. Existen tres tipos de jubileos:

Jubileos ordinarios

Se celebran en intervalos de tiempo regulares. El primero se celebró en el año 1300 cunado fue declarado “Año de perdón de los pecados” por el papa Bonifacio VIII. Concedía indulgencia plenaria a todos los fieles que viajasen a Roma para rezar en los santuarios de San Pedro y San Pablo.

Jubileos extraordinarios

Conmemoran circunstancias especiales como los “Años Santos de la Redención” que recuerdan el sacrifico de Jesús

Jubileos in perpetum

Es el caso de Santiago de Compostela. Son autorizados por la Santa Sede para repetirse de forma regular. Hay siete autorizaciones concedidas: Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela, Caravaca de la Cruz, Valencia, monasterio de Santo Toribio de Liébana y Urda.

¿Cuándo es Año Santo Jacobeo (Xacobeo en gallego)?

El Año Santo Jacobeo se produce cuando la conmemoración del Martirio de Santiago coincide en domingo. Este hecho se produce cada 6, 5, 6 y 11 años, lo que podemos ver con los últimos Jacobeos: Jacobeo de 1982 (+11), Jacobeo de 1993 (+6), Jacobeo de 1999 (+5), Jacobeo de 2004 (+6), Jacobeo de 2010 (+11) próximo Jacobeo de 2021.

Fue el Papa Calixto II quien otorgo en 1122 jubileo in perpetum a la Catedral de Santiago de Compostela.

¿Qué hace falta para ganar el Jubileo?

Para ganar el jubileo y por lo tanto recibir la indulgencia plenaria tenemos que visitar la Tumba de Apóstol Santiago en la Catedral de Santiago y rezar alguna oración y recibir los sacramentos de la confesión y comunión en los 15 días anteriores o posteriores a la visita de la Catedral.

Historia de la Catedral de Santiago

Santiago Mayor

Miembro de una familia de pescadores y hermano de Juan Evangelista, Santiago Mayor o Santiago de Zebedeo, fue uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo estando presente los momentos más importantes de su vida como la oración en el huerto de los Olivos y la transfiguración en el monte Tabor además de estar presente en el lago de Tiberíades en la aparición ya resucitado del Mesías.

Según las tradiciones medievales, al morir Cristo, se encargó de evangelizar la zona noroeste del territorio peninsular ibérico, llamada Gallaecia.

Traslado del cuerpo del Apóstol Santiago

Tras ser decapitado en Palestina en el año 44 d. C., Atanasio y Teodoro, discípulos de Santiago, recogieron el cuerpo de su maestro y, colocado en una barca (de piedra según algunas leyendas), navegaron milagrosamente a la deriva hasta las costas que el Amigo del Señor había predicado en vida: la Hispania romana.

Arribaron al Finisterrae, las costas de la Gallaecia, y entrando por la Ría de Arosa y tras diversas vicisitudes en las que se cruzan leyenda y realidad arqueológica (Reina Lupa, Pico Sacro…), depositaron el cuerpo en un mausoleo romano del siglo I ubicado en una necrópolis en el Libredón. 

Durante siglos una pequeña comunidad local cristiana, visitó la necrópolis y la cámara subterránea.

Descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago

El descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago entre el 820 y el 835 por el obispo Teodomiro, suponen el nacimiento de Santiago de Compostela y el inicio de una tradición que, con un importante apoyo de la monarquía, hizo del noroeste de la península Ibérica uno de los principales referentes de la cristiandad.

Mil doscientos años después el lugar sigue atrayendo a peregrinos de todo el mundo motivados por la devoción, la curiosidad, la cultura, la búsqueda personal o cualquier otra razón.

El relato legendario cuenta que el ermitaño Pelayo es testigo de fenómenos luminosos en el bosque de Liberdón, cercano al lugar donde vivía, recibiendo en sueños el oráculo de los ángeles de que se trataba de los restos del Apóstol Santiago.

Notificado el obispo Teodomiro de Iria-Flavia, no duda en dirigirse a este lugar a veinte kilómetros de Iria-Flavia, con todo su séquito. Tras tres días de ayuno se adentra en el bosque y descubre en medio de la vegetación una casita que contenía en su interior una tumba marmórea, que identifica como el túmulo sepulcral del Apóstol Santiago.

Siendo consciente de que la importancia del hallazgo podría elevarle a la misma categoría del obispo de Roma, al yacer en su obispado los restos de un apóstol elegido por el Señor, evitó actitudes grandilocuentes y se limitó a informar a su Rey, Alfonso II, monarca del Reino Asturiano.

La reacción del Monarca no fue tan rápida como cabria esperar, pues en Asturias ya existía un templo prerrománico donde se daba culto al Salvador por guardar valiosas reliquias en su cuya cámara santa

Finalmente, en el año 834, varios años después del hallazgo, y tras un viaje realizado por el monarca y su corte a la tumba descubierta se pone en marcha la construcción de un conjunto de espacios y servicios para su culto.

Además, dispone construir un pequeño monasterio, San Salvador de Antealtares, para custodiar y adorar las reliquias, así como atender a los primeros peregrinos que empiezan a llegar tan pronto la noticia se expande por el mundo cristiano.

Hay que tener en cuenta que en este momento gran parte de la Península estaba en manos de los musulmanes, quienes no se querian detener en los Pirineos sino adentrarse aún más allá.

Por la relevancia espiritual del cuerpo que cobija, el espacio se convierte en santo y a partir de ese momento se conocerá como “locus sanctiIacobi “(lugar de Santiago).

El viaje de Alfonso II y su corte desde Oviedo a la tumba del apóstol es considerado como la primera peregrinación oficial al lugar santo y conocida hoy en día como camino primitivo a la Catedral de Santiago.

El descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago por el obispo Teodomiro, suponen el nacimiento de Santiago de Compostela y el inicio de una tradición que, con un importante apoyo de la monarquía, hizo del noroeste de la península Ibérica uno de los principales referentes de la cristiandad.

Mil doscientos años después la Catedral de Santiago sigue atrayendo a peregrinos de todo el mundo motivados por la devoción, la curiosidad, la cultura, la búsqueda personal o cualquier otra razón.

La basílica de Alfonso II, “pequeña, de piedra y lodo” en palabras de la época, es pronto por sustituida. El sobrino Alfonso II, Alfonso III, manda hacer una nueva pocas décadas después, pues se consagra ya en 899.

En ella utilizan lujosos materiales, como consta en el acta de consagración y demuestran las excavaciones arqueológicas: piedra serpentina, pórfido rojo y mármol traído de la recién reconquistada ciudad de Coria.

Se trataba ya de una iglesia de generosas proporciones para la época, de tres naves cubiertas con techumbre de madera y una cabecera de gran anchura por estar condicionada a acoger el mausoleo romano de Santiago.

El acceso se efectuaba por un pórtico occidental, adosado a su muro norte tenía una capilla baptisterio dedicada a San Juan Bautista. De esta iglesia se encontraron numerosos restos en las excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XX. 

Contemporánea a esta basílica prerrománica será la capilla de la Corticela (dedicada a San Esteban en su origen y a Santa María actualmente), hoy con modificaciones románicas y posteriores e integrada en la catedral como una capilla más, aunque sigue siendo parroquia de extranjeros. Nació como iglesia para servicio de otro monasterio fundado por el rey en las proximidades de la catedral, el de Pinario.

Esta basílica prerrománica de Santiago fue la que en 997 atacó el caudillo árabe Almanzor, quien además de asaltar la ciudad prende fuego a la iglesia y roba sus puertas y campanas, trasladadas a sus palacios cordobeses, según la tradición, a hombros de prisioneros cristianos. Cuando esta ciudad fue reconquistada fueron devueltas portadas por musulmanes como desagravio.

A esta basílica puede que perteneciera la pila bautismal que está hoy en el brazo sur de la catedral. Según la leyenda, el caballo de Almanzor bebió de ella y cayó de inmediato fulminado ante tal sacrilegio.

A pesar de que el obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II se preocuparon de reconstruir enseguida la iglesia de Santiago, ésta se quedaba pequeña para el ingente número de peregrinos. El estilo románico estaba llegando a través del Camino Francés, el principal a Santiago, por lo que se inicia la construcción de la actual catedral románica.

El inicio de la construcción de la actual Catedral de Santiago

Las obras de la Catedral de Santiago empiezan en 1075 por la Capilla del Salvador, en tiempos del obispo Diego Peláez y con Alfonso VI como rey. Así se lee en las inscripciones de sus capiteles y muros. Las obras serán encomendadas, según recoge el Códice Calixtino, al Maestro Bernardo el viejo, junto a Roberto y otros cincuenta canteros.

Las turbulencias políticas que se suceden unos años después acaban con el prelado en la cárcel en 1087, lo que supone un primer alto en las obras hasta que la figura de Diego Gelmírez irrumpe en la historia de Compostela en 1093 como administrador.

En 1095 la sede de Iria se traslada a Santiago, y en 1101 se le nombra obispo de Santiago, lo que supone que tiene autoridad para dar un fuerte impulso a las obras de la basílica. Así, en los años siguientes se retoma la obra interrumpida posiblemente tras levantar las tres capillas centrales de la girola, y en 1105 ya se puede consagrar un crucero prácticamente terminado con sus dos fachadas laterales y tras haber acortado un tramo la iglesia de la Corticela.

En cuanto a quién estaba a cargo de las obras, se ha especulado con varios nombres, como Bernardo el Joven, nieto del primer maestro o de Esteban, aunque se suele hablar de un maestro llamado de Platerías cuya filiación real se desconoce.

El avance de las obras continúa a buen ritmo, de modo que la vieja basílica de Alfonso III supone ya un estorbo y se decide derribarla en 1112.

Pocos años después, las revueltas de 1117 contra el obispo Gelmírez causan grandes estragos en lo ya construido, haciendo necesario acaso la utilización en las dañadas fachadas del crucero de algunas piezas que posiblemente iban destinadas a la occidental, aún lejos de empezarse a levantar.

Retornado Gelmírez a su sede, reconstruye su palacio episcopal al lado norte de la catedral de Santiago. Al mismo tiempo prosigue las obras, ya con la autoridad que le confiere el hecho de lograr en 1120 ser nombrado arzobispo, merced a sus buenas relaciones con Roma.

Ello facilita también que Santiago sea elevada a sede metropolitana en detrimento de Mérida, aún sin reconquistar a los musulmanes.

El Códice Calixtino y la Historia Compostelana sitúan el fin de las obras de la Catedral de Santiago en 1122 y 1124 respectivamente.

Sin embargo, el primero de los libros tras describir detalladamente las fachadas que sí estaban rematadas, al referirse a la occidental da sólo unas simples pinceladas de su aspecto, con la excusa de una supuesta magnificencia que hace imposible describirla.

Construcción de la Fachada Occidental Maetana

Está claro que nada de ella estaba aún en pie, habida cuenta además de que el rey Fernando II firma en 1168 con el Maestro Mateo – ya a cargo de las obras de la iglesia, un contrato para finalizar la construcción de la iglesia y, por tanto, de su fachada occidental también.

Mateo recibe una importante pensión vitalicia, lo que unido a que se le cita por el nombre indica su prestigio ya por aquel entonces.

Construye los dos últimos tramos del cuerpo principal (desde donde en la tribuna está inscrito “Gudesteo”, haciendo referencia al arzobispo Pedro Gudestéiz) sin apenas alteraciones con el diseño preexistente, y da rienda suelta a su genio y conocimientos importados de Francia y otras partes en el último, donde levanta el Pórtico de la Gloria.

Para salvar el desnivel de terreno existente hacia ese lado, donde ya no había llegado la vieja basílica de Alfonso III, Mateo levanta una cripta que soporta toda la estructura y cuyo gran pilar compuesto central corresponde con el parteluz del Pórtico.

Llamada por error muchas veces “Catedral vieja” por lo elaborado de su planta – una pequeña cruz latina con deambulatorio y esbozadas capillas abiertas a él como en la basílica superior –, las claves de sus bóvedas con el sol y la luna inician un mensaje apocalíptico que desarrolla en el Pórtico de la Gloria y remata en la tribuna superior.

Allí un Córdero Místico alumbra la Ciudad de Dios que vendrá tras el fin de los días.

El primero de abril de 1188 se colocan los dinteles del Pórtico, y se sigue con su erección. Una vez la cripta el Pórtico está terminada, y construido el coro de piedra que ocupa los primeros tramos de la nave central, se remata la iglesia con la fachada occidental mateana, permanentemente abierta al exterior por grandes arcadas que se correspondían con los arcos interiores del Pórtico de la Gloria y con el “gran espejo”.

Así se denomina en el siglo XVI al rosetón central, el cual es una muestra más del avance hacia el gótico que supone el taller del Maestro Mateo.

Ante la fachada, una logia similar a la actual se abría sobre una explanada frente a la muralla de Santiago y sus torres defensivas. La anterior cerca había sido allanada también hacia 1120 para permitir el avance del brazo mayor de la catedral de Santiago.

Esta terraza no tendría accesos desde el terreno, sino que para entrar a la catedral desde ese lado se haría a través de dos estrechas escaleras al fondo de la cripta, aún practicable la del lado norte.

Consagración de la Catedral de Santiago

Por fin, el 21 de abril de 1211 y en presencia del arzobispo Pedro Muñiz (enterrado a los pies de la catedral actual) y de Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral de Santiago.

Es la misma que perdura, con las transformaciones que comentaremos, hasta nuestros días.

Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy se ven en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración ese día.

Por esas fechas el estilo románico estaba quedando superado por los avances del gótico, y pocas décadas después, hacia mediados del siglo XIII el arzobispo don Juan Arias pretende construir una gran cabecera en el nuevo estilo.

De haberse concluido supondría la casi total ocupación de la actual plaza de la Quintana, además de convertir la planta en una cruz griega y darle a la catedral de Santiago un aspecto muy diferente del que hoy tiene.

Sin embargo, con la muerte del prelado el plan cae en el olvido y sólo queda hoy de las obras parte del perímetro previsto bajo las escaleras de la Quintana y a un lado de la cabecera románica.

Sí se llegó a levantar en ese mismo siglo un claustro adosado al sur de la nave central. Aunque ya Gelmírez tuvo la intención de levantar uno románico, parece que éste nunca se llegó a hacer. El gótico fue sustituido por el actual plateresco, más grande, y en un nivel superior.

También son los siglos XIII y XIV testigos de otros añadidos y transformaciones sobre el original románico.

Al claustro y cimborrio más alto que el original románico se une la construcción de capillas que empezaron a alterar las cuatro románicas semicirculares del crucero y las cinco de la cabecera.

Las más antiguas son la de Nuestra Señora la Blanca o de los España, y la de Sancti Spiritus.

Será en estos siglos también cuando ante la turbulenta situación que se venía dando en contra de los prelados compostelanos se refuerce con almenas toda la parte superior de la catedral de Santiago, aprovechando que sus cubiertas eran terrazas escalonadas transitables.

Con idéntico fin defensivo, se construyen las torres de la Trinidad y la Berenguela frente a la puerta occidental, y un gran torreón llamado del arzobispo Gómez Manrique en uno de los ángulos del claustro.

Ya en el siglo XV, una nueva torre defensiva junto a la portada sur será la base de la actual torre del reloj. Además, en esta misma centuria y en la siguiente se multiplican las transformaciones en las capillas: la de Mondragón, la de Prima, la funeraria de don Lope de Mendoza, la de San Fernando y la de las Reliquias, así como las demás que se abren al claustro, y la sacristía.

El claustro Plateresco

Es desde 1521 cuando se va a empezar a construir este nuevo claustro plateresco sobre el antiguo, que había sufrido numerosos daños en las revueltas. Su construcción se prolongará hasta 1590, con trazas de Juan de Álava.

La Puerta Santa

Es también el Renacimiento cuando se empieza la tradición de una Puerta Santa de utilización exclusiva en los años jubilares, a imitación de Roma, y se empieza a dar forma al exterior de la Catedral de Santiago, tal y como hoy lo conocemos.

En la fachada del Obradoiro, el gran arco de Mateo que nunca se cerraba es derribado para colocar en su lugar dos puertas con sus jambas, dinteles y parteluz que comenzarán a desvirtuar la vieja fachada medieval, abocada a caer fruto de su costosa conservación y de nuevos gustos en el barroco.

Derribo del Coro pétreo de Mateo

Al interior, y tras algunas modificaciones en los últimos años del XVI, y apenas iniciado el XVII se derriba el coro pétreo de Mateo para poner en su lugar uno manierista de madera más acorde a las nuevas disposiciones tras el Concilio de Trento y al gusto del momento. Lo diseñan Juan da Vila y Gregorio Español.

Por los mismos años, Gil de Siloé estaba levantando las escaleras que aún hoy dan acceso a la puerta del Obradoiro, reutilizando para ello algunos sillares del coro dados la vuelta para usarlas como piedras lisas.

Esto facilitó la reconstrucción del coro efectuada en la década de 1990 y hoy expuesta en el Museo de la Catedral de Santiago.

Transformaciones del exterior de la Catedral de Santiago y urbanización

Es precisamente en los siglos XVII y XVIII cuando se darán las mayores transformaciones que dejan la catedral casi tal y como hoy la podemos rodear por el exterior y visitar al interior.

Además, el barroco trae un interés por el urbanismo que afectará también a la urbanización de los espacios adyacentes al templo con sus grandes plazas y majestuosos edificios vecinos, casi todos ellos además relacionados con la catedral como la Casa del Cabildo, la del Deán o la de la Conga.

El canónigo Vega y Verdugo, hacia la mitad del siglo XVII pone en marcha un ambicioso plan de reformas que comienzan por la cabecera de la Catedral de Santiago.

Construcción de la Fachada de la Quintana

Aquí, tras muchos siglos de obras, añadidos, reformas, desórdenes… y habida cuenta de que la Quintana era uno de los espacios más concurridos de la ciudad y en él se celebraba el mercado, se enterraba a muchos de los difuntos y se realizaban gestiones en las casas consistoriales próximas, el aspecto de la parte oriental de la catedral de Santiago era ya un verdadero caos de entrantes, salientes, muros y capillas.

Además, esta falta de coherencia e irregularidad, se veían acentuados por el sencillo y monumental muro de líneas puras y sobrias del convento de Antealtares que se había construido unas décadas antes.

José de la Peña de Toro proyecta pues la fachada de la Quintana que encierra todas las capillas posteriores y en la que se abre el Pórtico Real, la Puerta Santa, y la Puerta de los abades, además de otro espacio utilizado para el reparto de la Comunión a los romeros. Queda tras este muro integrada dentro de la Catedral la antigua iglesia de la Corticela, comunicada con la nave norte por una escalera construida al fondo de la vieja capilla de San Nicolás, aunque conservará su portada de influencia mateana.

Al mismo tiempo que se cierra la fachada oriental, se sustituyen las almenas, ya innecesarias, por una crestería barroca de balaustres y pináculos de gusto barroco.

El claustro, que se había empezado a rodear con nuevas dependencias de servicio como el Tesoro en la plaza de las Platerías, de Rodrigo Gil de Hontañon (1540), y con su novedosa torre escalonada, se completa en los siglos XVI, XVII y XVIII en su exterior. Hacia el Obradoiro trabajan en ese cierre Gaspar de Arce y Juan de Herrera, con adiciones de Jácome Fernández (Torre de la Vela), ya en el XVII y Lucas Caaveiro tras un incendio en 1751.

Por otro lado, en 1720, Fernando de Casas añade una pequeña fachada abierta hacia la Plaza de las Platerías, y unos años antes, en 1705, Simón Rodríguez ingenia la gran concha jacobea que sostiene, en esta misma plaza, unas escaleras que unen las naves con el Tesoro.

Construcción de la Fachada del Obradoiro

Pero es sin duda la fachada del Obradoiro la obra que más influirá en el aspecto definitivamente barroco que tiene al exterior esta catedral románica de Santiago.

El viejo hastial medieval con la cripta mateana debajo y su logia exterior habían empezado a cambiar cuando en el XVI se cierra con puertas y modifican los arcos medievales, y con la escalinata monumental de inicios del XVII.

La fachada románica estaba ya pasada de moda, se había tenido que reforzar una de las torres laterales, y el gran rosetón con vidrios emplomados de su calle central requería de costosas reparaciones.

Así pues, se encarga en 1738 su derribo y la construcción de una nueva acorde al nuevo estilo barroco que fuera además una apoteosis de Santiago y de la monarquía española, representados por la figura de Santiago Peregrino venerado por reyes, Atanasio, Teodoro, Santiago Alfeo, Santa Salomé, el Zebedeo, el escudo real..

Se encarga el importante cometido de la nueva fachada principal de la catedral a Fernando de Casas, quien no desmonta por completo todo lo anterior, conocedor de que si retira alguna de las estatuas columnas de Mateo que sostienen la bóveda del Pórtico, todo ese nártex se vendrá abajo.

Reutiliza, asimismo, los cubos inferiores de las dos torres laterales de la fachada (la de la carraca la norte y de las campanas la sur), pero las iguala en altura y diseña sus cuerpos superiores en disminución de volúmenes hasta los capulines superiores, todo ello cuajado de rocallas, decoración vegetal, entrantes y salientes, blasones…al gusto del barroco.

En el centro, sobre el nuevo “gran espejo”, el escudo del cabildo de Santiago, con el sarcófago del Apóstol, la estrella encima y el coro de ángeles que anunciaron a Pelagio su ubicación.

La misma solución de elevar un remate barroco sobre un cuerpo inferior medieval se había utilizado en la cúpula que corona el cimborrio gótico, y, sobre todo, en la torre del reloj, surgida como un cubo defensivo desde 1468 y reconvertida en una torre de uso totalmente religioso y civil con el cuerpo superior que levanta Domingo de Andrade en el último tercio del siglo XVII.

En él campea desde 1831 un reloj de Andrés Antelo que marca con una sola aguja las horas en sus cuatro esferas de mármol blanco calado.

En los cuerpos superiores, las campanas de las horas y los cuartos del siglo XVIII dieron paso a las actuales a finales del siglo XX, tras haberse rajado el bronce en las antiguas que hoy se exponen en el claustro de la catedral.

Configurado casi definitivamente el aspecto exterior de la Catedral de Santiago tal y como hoy lo conocemos, en el interior las obras las intervenciones barrocas se multiplican.

Aunque algunas capillas medievales habían recibido retablos ya en el siglo XVI, como la del Salvador, Santa Fe o la de Mondragón, es ahora cuando se construyen la mayoría de los retablos para las capillas, modificándose también la arquitectura de algunas de ellas. De éstas, destacan dos de nueva planta, la capilla del Pilar, apoteosis barroca de Domingo de Andrade, y la del Cristo de Burgos, hacia los pies de la basílica.

La Capilla Mayor

Pero sin duda la transformación interior más importante del barroco – además del nuevo órgano y sus retablos construidos desde inicios del XVII – es la nueva capilla mayor, donde desde el medievo y con diversos añadidos y pequeñas transformaciones estuvo el cimborrio de Gelmírez sobre la imagen sedente del XIII de Santiago.

De escuela del Maestro Mateo, a ella se encaramaban los peregrinos para tocarla y antaño ponerse su corona (hoy, lo tradicional es abrazarla).

Desde la segunda mitad del XVII, el trabajo de maestros de la talla de Domingo de Andrade, Fray Gabriel de las Casas, Manuel de Prado, Jacobo Pecul o Ángel Piedra dejarán su impronta en el monumental baldaquino sostenido por ángeles, así como en el camarín de Santiago, en su altar, el sagrario, y en el cierre perimetral de la capilla y reja.

Bajo este espacio, desde finales del siglo XIX y con el redescubrimiento de los huesos de Santiago (1878), se abre el mausoleo romano, ya muy rebajado en su alzado por las sucesivas obras en la capilla mayor, y se hacen visitables las reliquias dentro de una urna de plata de José Losada hecha en esos años.

Las había escondido en 1589 cerca de su ubicación original el arzobispo San Clemente por miedo al pirata Drake.

Ante el presbiterio, utilizando desde finales del XVI un ingenio mecánico ideado por Juan Bautista Celma, el Botafumeiro da mayor gloria a Dios y perfuma un ambiente a menudo cargado por la multitud de peregrinos que en la Edad Media incluso dormían en las tribunas de la Catedral de Santiago.

El actual Botafumeiro es de latón, hecho por el compostelano José Losada en 1851.

Derribo de la Fachada del Paraíso

En los años finales del barroco y llegando ya el neoclasicismo se derriba la antigua Fachada del Paraíso del brazo norte del transepto por la que entraban los peregrinos del Camino Francés, muy dañada por un incendio en 1758. La nueva la diseña Lucas Caaveiro, a quien ayuda Clemente Sarela.

De concluir las obras se encargará Domingo Lois Monteagudo, quien recibe algunas sugerencias de Ventura Rodríguez y el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que por esos años supervisa los proyectos.

Se termina en 1769, tratando de adaptar un diseño barroco a un gusto ya Neoclásico. En este último estilo se construye la más “moderna” de las capillas de la catedral, la de la Comunión. Domingo Lois Monteagudo le da forma de rotonda clásica cubierta por una cúpula soportada por ocho monumentales columnas jónicas, y ocupa el solar donde estuvo hasta entonces la gótica de don Lope de Mendoza.

Con el mismo gusto neoclásico y el influjo de la Academia de San Fernando, el obispo Sebastián Malvar pretende en 1794 liberar del coro la nave central, trasladándolo a una nueva capilla mayor en el estilo ilustrado de la época, con una nueva fachada exterior y renovada Puerta Santa.

 Ferro Caaveiro y Melchor de Prado firman los proyectos, aunque jamás se llevarían a cabo más que en algunos cuadros previstos para el espacio interior.

Queda así rematada una historia de los estilos artísticos desde el prerrománico hasta el neoclásico en la Catedral de Santiago que aún recibirá algunas aportaciones en los últimos años, ya en los movimientos “neo” de las primeras décadas del siglo XX (retablo neogótico de la capilla de los España y de las Reliquias de Magariños), ya con diseños más propios de nuestros días (nuevas hojas de bronce de la Puerta Santa de 2004).

El Museo de la Catedral de Santiago permite conocer casi todos los espacios del complejo catedralicio, incluyendo los tejados, las tribunas, el claustro, los cuartos que lo cierran, y el palacio de Gelmírez.

Nos ofrece además un recorrido por algunas de las piezas que formaron parte de espacios ya desaparecidos como el claustro gótico, capillas, antiguas fachadas…por sus ornamentos (tímpanos, esculturas, partes de retablos y coros…) y por los documentos que conforman la historia de la Iglesia de Santiago (Tumbos A, B y C, Historia Compostelana, Breviario de Miranda, Códice Calixtino…).

Permite también asombrarse con la magnificencia de su Tesoro, que incluye piezas en materiales preciosos artísticamente trabajados desde la Edad Media a nuestros días, muchas de ellas donadas por peregrinos ilustres (reyes, militares, cargos eclesiásticos…) o por grupos.

Cierran el recorrido por el museo las colecciones textiles, desde exóticas telas medievales del lejano oriente hasta el gallardete de la Batalla de Lepanto del siglo XVI, además de ricas ropas litúrgicas. Merecen especial mención y una detallada visita la colección de tapices, en gran parte posible gracias a algunas donaciones, y que con sus obras sobre cartones de Rubens, Teniers, o Goya, entre otros, constituye una de las mejores de toda España.

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